DONATE

Attention: open in a new window. PDF

62_lg_lozano_03

photo: David Lozano

Cuerpo, disciplina y territorio. Sobre el performance “Oficios para el cuerpo”

David Lozano | Universidad Nacional de Colombia

La performance “Oficios para el cuerpo” abre una zona física y simbólica de encuentro o confrontación cultural muy breve entre individuos y colectivos sociales. Es un acto de dislocación de la cotidianidad mediante un hecho performativo o acción artística, que se camufla o mimetiza con la misma cotidianidad de los oficios que la gente hace en la construcción de un cuerpo colectivo público o privado.

La acción se desarrolla en una pequeña plazoleta pública a la entrada de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. El territorio está marcado, el sitio ha sido nombrado históricamente, como lugar en pugna en los frecuentes enfrentamientos violentos entre la policía antimotines y los estudiantes universitarios. La barrera solo es una malla metálica que los separa; el límite es preciso, la permanencia es riesgosa.

Marca y Ego: Oficios del cuerpo

Cleaning women from the "Casa Limpia", sweep the public area at the University gates

photo: Paula Kupfer

Allí se citó a 30 mujeres del personal femenino de “Casa Limpia” una empresa dedicada al cuidado y mantenimiento cotidiano de edificios; ellas van vestidas de traje azul, delantal blanco, tapabocas, guantes de caucho, y aprovisionadas con canecas y escobas. En el momento, barren y acumulan basura en el centro del espacio. Simultáneamente una pareja de fisiculturistas, un hombre y una mujer semidesnudos y ataviados con un pequeño slip, hacen ejercicios de calentamiento, tratando de poner a tono sus músculos ante una eventual demostración del aprestamiento corporal propio de la rutina para un concurso. Intempestivamente, se acercan dos tanquetas militares por la calle en frente de la plazoleta; de allí bajan y llegan corriendo al sitio 50 hombres del escuadrón antidisturbios (ESMAD) de las fuerzas de policía de la ciudad, vestidos con uniformes completamente negros de material rígido, que cubre totalmente su cuerpo a manera de armaduras futuristas o medievales; cascos, máscaras, hombreras, guantes, palos, escudos y bombas lacrimógenas, constituyen su imponente presencia.

Marca y Ego: Oficios para el cuerpo

A couple demonstrates their body builder physiques

photo: Mateo Rudas

Una vez allí y en perfecto orden, realizan una demostración de sus estrategias en formaciones rutinarias ante la voz del capitán al mando de este escuadrón. Sus movimientos son precisos y acompasados; así, van esgrimiendo palos y mostrando sus escudos (algunos blancos con grandes letras que en conjunto permiten leer sobre un corazón rojo las palabras ‘convivencia y paz’). Ellos se forman en semicírculo cerrado y van tomando posiciones de avanzada de acuerdo a las circunstancias que la situación de orden público amerite. Avanzando y frente a ellos, cara contra cara, de manera alternada, los culturistas, primero la mujer y luego el hombre, realizan lentamente las demostraciones de su rutina corporal.

Los asistentes a la performance quedan en medio y otras veces atrapados, tanto por los militares como por los fisiculturistas. Desde un puente peatonal cercano, los ruidos del pesado tráfico se interrumpen a veces con arengas y gritos de dos estudiantes, que enfurecidos gritan ‘¡Cerdos policías! ¡Asesinos!’.

Marca y Ego: Oficios para el cuerpo

Military formation "Convivencia y Paz"

photo: Mateo Rudas

La acción dura 12 minutos. Transcurrido este tiempo, los policías se alejan corriendo de la misma manera que hicieron su aparición, abordan las tanquetas y se marchan. Lo mismo hacen los fisiculturistas y las mujeres de la empresa de aseo. Sin saberlo, el público asistente completa la acción; en este sentido, los espectadores se comportaron como cuerpos colectivos que performaron como turistas armados de cámaras fotográficas, que registraron las acciones de los otros cuerpos que activaron sus cotidianidades en un aquí y ahora.

Ni un centímetro más, ni uno menos: nadie permaneció más de lo debido allí, garantizando la existencia de un orden frágil, de un territorio político gestionado y acordado sin previo aviso.

En esta performance todos hacen lo que saben hacer, nada contrario o fuera del lugar que su ocupación diaria les demanda. Se pone en juego los oficios y trabajos alrededor de lo corporal que hacen habitualmente diferentes grupos sociales o colectivos en Colombia. La acción es real o toma visos de realidad, pues allí no hay simulacro. Toda esta acción opera como un “sistema semántico acomodaticio”, inestable por estar inscrito en esta realidad. Esta inestabilidad radica en las condiciones simbólicas o en el valor que otorgamos a los espacios al activarlos, pero también en consonancia con los arreglos o diferencias temporales que se pacten dentro del sistema semántico. Dichos elementos espaciales y de acuerdos o diálogos de acercamiento permiten la coexistencia, no siempre de manera consciente o anticipada. El acuerdo está en riesgo continuo, en la medida que el lugar escogido es con anterioridad nombrado como campo de batalla y lugar de expresión de descontento social y político en la comunidad universitaria.

Los estudiantes, el cuerpo desnudo de los culturistas, el público-turista, los policías del ESMAD, las mujeres ataviadas para el trabajo, son cuerpos colectivos enfrentados a la eventualidad dentro de las fronteras culturales: su identidad individual y colectiva se ejerce, se pone en juego, en espacios no artísticos.

Marca y Ego: Oficios para el cuerpo

photo: David Lozano

Aquí la identidad colectiva es un asunto político, alude a un “contra espectáculo”, en donde nada se detiene; confluyendo en diversas dimensiones de la realidad histórica, apelando a la historia de las ocupaciones, desplazamientos y de violencias en entornos sociales complejos, como es el caso del contexto colombiano. Conflicto que muestra múltiples facetas en la cual jugamos roles diferentes. La Universidad Nacional es una de esas facetas.

 

Marca y Ego: Oficios para el cuerpo

photo: David Lozano

Lo social adquiere sentido en la negociación tácita, vinculando los cuerpos en una densidad temporal única. La conciencia sobre el cuerpo propio, sus debilidades y fortalezas, se ve desafiado en la sospecha de otros cuerpos que se le enfrentan: para unos, los estudiantes; para los otros, los militares. No permite observar: la sospecha se instala en el temor de mirar y ser mirado, de tocar y ser tocado.

En la performance se examina como en Colombia hemos cedido muchos terrenos de lo cotidiano a la presencia del ejército, en todas las formas de acción social, en todas las esferas de nuestra vida diaria. Hemos conferido y consentido un aire de “naturalismo” a la represión sobre el cuerpo, sobre la cotidianidad de nuestras acciones, sobre los espacios sociales públicos, de forma tan abierta y natural como el comer, el jugar, el bañarse…

Marca y Ego: Oficios para el cuerpo

photo: David Lozano

“Oficios para el cuerpo” apela a la generación de símbolos desde cada individuo y desde las colectividades. Este simbolismo visual es impreciso en la medida que sus lenguajes corporales no son fijos; el sistema activado responde a esos acuerdos temporales frágiles. Este sistema semiótico se torna inestable cuando se pone o se oponen, en el mismo espacio, sistemas encarnados en roles sociales diferentes. El cuerpo emerge, se activa bajo agendas e intereses diversos, muchas de las veces antagónicos y en conflicto. No suena extraño que se den en Colombia acciones reiteradas como la presencia de las fuerzas de policía al interior de un campus universitario, o en las instituciones donde se genera pensamiento y crítica. La presencia del ejército se hace efectiva en un eventual desorden público propiciado por los estudiantes, que como forma de protesta, a veces violenta, se pronuncian ante situaciones en demanda de derechos políticos, sociales y culturales, de la situación política o a favor del derecho a la educación o de la autonomía universitaria.

Por otro lado, desde que se hizo el primer contacto con la Dirección Nacional de la Policía, a la cual se le curso invitación para hacer parte de la performance, se pidió autorización para ingresar cámara en mano al interior de las tanquetas que hicieron presencia en ese día. Se procuró indagar en la manera como desde el interior de los organismos de control del Estado, se asume una noción de construcción y conciencia de lo corporal: cómo se entrena el cuerpo, cuáles son los ritos de arreglo y aprovisionamiento del cuerpo, y cuáles son sus imaginarios y referentes, cada vez que se acude a cumplir con el deber de restablecer el orden público en la ciudad. El ejercitar el cuerpo para ejercer el control, de someter, de reducir, de imponer. En los organismos castrenses, el cuerpo individual está subordinado a la colectividad, uniformándolo. El escuadrón, el batallón o la guarnición han adquirido históricamente formas tecnificadas para disciplinarlo, homogeneizarlo en el ejercicio repetido hasta el cansancio.

Marca y Ego: Oficios para el cuerpo

View of the plazoleta from the expressway overpass

photo: Mateo Rudas

Las formas discursivas actuales sobre el cuerpo político en Colombia acuden a instalar un movimiento pendular entre el sujeto y la sociedad, en donde la violencia toma formas cada vez más sofisticadas y terribles en el ejercicio de poder. Entre la vigilancia sobre el cuerpo, los impulsos y las cosas del cuerpo. Entre el sometimiento y la liberación, como las dinámicas del cuerpo cultural y político. Hoy en el cuerpo se descubren los malestares generalizados de un orden social marcado por dicotomías excluyentes. Nos hallamos ante un cuerpo subrayado por la exposición de lo múltiple, nunca unitario, siempre fragmentado en estas dicotomías.

El cuerpo del artista aquí también se expone como un símbolo más que se resemantiza en la experiencia social del performance. Toda actuación es experiencia, es marca que se inscribe sobre el cuerpo, y se convierte en cicatriz. Tomar distancia en el placer del hacer, suspender al autor. La acción del hacer no es exclusiva de un autor, no es introspectiva; es proyectiva: el artista construye cuerpo, construye mundo.

En últimas lo que está en juego es la recepción de una trama política, cultural y social, que es vivencia temporal, como refiguración del tiempo, como vivencia emotiva de la degradación o de la generación de la vida o muerte. Trama política en donde el poder está rubricado en la vulnerabilidad ante lo otro y del otro.

Las marcas y los oficios corporales son y serán, en definitiva, signos culturales legítimos y vigentes.


David Lozano is a visual artist with a specialization in painting. He has an MFA in Visual Arts from the Universidad Nacional de Colombia (UNAL). He teaches at the Pontificia Universidad Javeriana, Universidad de los Andes, Santo Tomás de Aquino, and the Academy of Superior Arts of Bogotá. He currently teaches and is the Director of UNAL's School of Visual Arts. As an artist, his work has focused on the investigation of the postmodern and globalized body.