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Foto: Elizabeth Jelin

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¿Espacios para la memoria? ¿Para quiénes?

Elizabeth Jelin | CONICET

¿Espacios para la memoria? Lo primero que asocio con esta frase es mi visita a un memorial en Berlín que recuerda a las víctimas homosexuales del exterminio nazi. La placa que acompaña al memorial da cuenta de su sentido.

Foto: Elizabeth Jelin

Placa del memorial. Diseñado por Michael Elmgreen e Ingar Dragset.

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Traduzco:

En la Alemania nazi la homosexualidad fue perseguida en una magnitud desconocida hasta entonces en la historia. En 1935, el nacional-socialismo promulgó una orden por la cual la homosexualidad masculina se convirtió en un crimen; las normas que definían la conducta homosexual, regidas por la ordenanza 175 del Código Penal, fueron expandidas de manera significativa y hechas más estrictas. Un beso se tornó motivo suficiente para ser perseguido. Hubo más de 50.000 condenas. El castigo era la cárcel; en algunos casos, los condenados eran castrados. Miles de hombres fueron enviados a campos de concentración por ser gay; muchos de ellos murieron allí. Murieron de hambre, enfermedad y abuso, o fueron víctimas de asesinatos planificados.

Los nacional-socialistas destruyeron las comunidades de hombres y mujeres gay. La homosexualidad femenina no fue perseguida, excepto en la anexada Austria. Los nacional-socialistas no la concibieron tan amenazante como la homosexualidad masculina. Sin embargo, las lesbianas que se opusieron al régimen fueron reprimidas con encono. Bajo el régimen nazi, los hombres y mujeres gay vivían con miedo y bajo una constante presión que los llevaba a ocultar su sexualidad.

Durante muchos años, las víctimas homosexuales del nacional-socialismo no fueron incorporadas a las conmemoraciones públicas—ni en la República Federal ni en la República Democrática Alemana. Tanto en el este como en el oeste la homosexualidad continuó siendo perseguida durante muchos años. En la República Federal, la sección 175 siguió vigente sin cambios hasta 1969.

Debido a su historia, Alemania tiene una responsabilidad especial para oponerse activamente a la violación de los derechos humanos de los hombres gay y de las mujeres lesbianas. En muchas partes del mundo, se sigue persiguiendo a la gente por su sexualidad, el amor homosexual continúa siendo ilegal y un beso puede ser peligroso.

Con este memorial la República Federal Alemana intenta honrar a las víctimas de la persecución y el asesinato, mantener viva la memoria de esta injusticia, y crear un símbolo duradero de la oposición al odio, la intolerancia y la exclusión de hombres gay y mujeres lesbianas.

El memorial consiste en un cubo ligeramente inclinado (¿desestabilizante?) de unos cuatro metros de altura. Tiene una ventana por donde se puede mirar hacia adentro, y lo que se ve allí es un video sinfín de un beso.

Foto: Elizabeth Jelin

Cuboide de concreto que forma parte del memorial. Diseñado por Michael Elmgreen e Ingar Dragset.

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¿Por qué elijo este memorial para hablar sobre el sentido de los espacios de memoria en la sociedad? Son varios los motivos. El primero tiene que ver con el enorme impacto emocional que me provocó la visita. Sencillo, pocas palabras, mucho mensaje. Hay un par de motivos adicionales e importantes que generan preguntas abiertas a la reflexión, al diálogo y también a la controversia.

El memorial está en un parque, frente al memorial a las víctimas judías del Holocausto, que es mucho más grande y conocido. No es el lugar donde ocurrieron los hechos, sino un pedazo de espacio público urbano, céntrico, a un par de cuadras de la emblemática Puerta de Brandemburgo. La pregunta se impone: ¿qué diferencia hace que el lugar elegido haya o no sido “el lugar de los hechos”? ¿Es necesario o importante sacralizar los espacios donde ocurrieron los acontecimientos? ¿Se necesita la literalidad, la ruina, el testimonio intransferible, o valen también los espacios simbólicos?

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Primer plano de la ventana del cuboide que muestra un corto film de dos hombres besándose. Diseñado por Michael Elmgreen e Ingar Dragset.

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La instalación del memorial provocó controversias, sin duda, entre quienes siguen pensando la homosexualidad como desviación. La que me interesa rescatar y discutir, sin embargo, es otra, interna a las categorías sociales perseguidas. La placa habla de gays y lesbianas, pero el beso es entre dos hombres. ¿Hay espacio para mostrar a las mujeres lesbianas? Los grupos de mujeres lesbianas reclamaban igualdad, visibilidad y reconocimiento de su opción sexual. La respuesta estatal fue la decisión de que cada dos años el video sería reemplazado por otro, alternándose el beso de los hombres y el beso de las mujeres. El primer cambio debió ocurrir en mayo del 2010. Inmediatamente se alzaron voces en contra, especialmente entre “expertos” sobre el nazismo y la Shoah: en tanto que las mujeres lesbianas no fueron un objetivo explícito de la política nazi, incluirlas en pie de igualdad con los hombres gays sería una distorsión de la historia.

¿Qué se estaba jugando? Claramente, el pasado literal frente al presente. La respuesta de las autoridades de Berlín fue tomar partido por el presente, en el marco del pasado. Sostienen que mostrar el tema lésbico en el memorial no pretende igualar la persecución de hombres homosexuales con la de mujeres lesbianas bajo el nazismo. Más bien, la concepción original del memorial es referirse a la discriminación de lesbianas y gays en el presente, y al mismo tiempo, reconocer la persecución de homosexuales en el nazismo.

El memorial se inauguró en el 2008, casi setenta años después de los acontecimientos. Un par de meses después de su inauguración—en agosto y nuevamente en diciembre del mismo año—el vidrio que cubre la ventana apareció roto. La información periodística señala que alguien le tiró piedras, rompiéndolo, y que hubo actos de desagravio en los que participaron autoridades oficiales abiertamente homosexuales.

Hay varios ejes de conflicto y controversia ¿se trata de debates históricos sobre el pasado, o de cuestiones que aluden a marginalidades, discriminaciones y prejuicios de hoy?  No resulta imaginable un memorial de este tipo construido a pocos años del final de la guerra y la caída del nazismo. Porque, como dice el texto de la placa, la persecución de la homosexualidad no terminó con el nazismo, sino que continuó mucho tiempo después. Las persecuciones del pasado se inscriben en memorias más largas, que anteceden al acontecimiento memorializado y se extienden hacia el presente y el futuro. Hay momentos y coyunturas en los que diversos grupos sociales luchan por presentar en la esfera pública lo que ha estado silenciado y oculto. En este caso, si se quiere, hay un “uso” del pasado que permite revelar conflictos y controversias duraderas, del pasado y del presente. Frente a estas situaciones, quienes pretenden una representación o reproducción literal del pasado, anclada en el pasado mismo, quedan descolocados.

Finalmente, vuelvo al texto de la placa. Su mensaje amplía el sentido específico y literal de las víctimas del nazismo. A través de él, se le concede a Alemania una responsabilidad frente a la humanidad en su conjunto, sin restringirla a sus víctimas directas. Y quizás este sentido más universal, más “ejemplar” (en el sentido de Todorov), orientado al horizonte de futuro más que a la reiteración del pasado, es el que, a la larga, habría que esperar de los diversos y múltiples “espacios para la memoria”.

Foto: Elizabeth Jelin

Entrada cerrada al memorial. Diseñado por Michael Elmgreen e Ingar Dragset.

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Una nota adicional: estoy en Berlín, día en el que, según me informaron, hay que cerrar el dossier. El infame “deadline” que nunca quiero traducir, porque me suena a muerte. Traté de ver el memorial y la nueva película del beso de mujeres. ¡Pero no se puede! ¡Verbotten! Porque la zona del Tiergarten donde se encuentra el memorial está cerrada con vallas y gran parte del personal de seguridad no deja pasar. ¿Por qué? Porque el nuevo campeón (alemán) de carreras de autos de Fórmula 1 se prometió a sí mismo y a sus seguidores que iba a manejar su auto en la Puerta de Brandenburgo. De modo que lo que pude ver fue la entrada cerrada al Memorial.


Elizabeth Jelin es cientista social, Investigadora Superior del CONICET, con sede en el IDES (Instituto de Desarrollo Económico y Social, Buenos Aires). Docente del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales de la UNGS (Universidad Nacional de General Sarmiento) y el IDES. Sus temas de investigación son los derechos humanos, las memorias de la represión política, la ciudadanía, los movimientos sociales y la familia. Es autora de numerosos artículos y libros. Entre sus libros recientes: Los trabajos de la memoria, Pan y afectos: la transformación de las familias (nueva edición revisada y aumentada en 2010) y Fotografia e identidad : captura por la cámara, devolución por la memoria (con Ludmila da Silva Catela y Mariana Giordano). Sus trabajos han sido publicados en Alemania, Brasil, Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, Francia, España, México y Chile, entre otros países.