Paisajes insurrectos. Jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio de Rossana Reguillo

Reguillo, Rossana. 2017. Paisajes insurrectos. Jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio. Barcelona: Ned Ediciones. 208 páginas; $17 EUR.

Mbembe, Achille. Crítica de la Razón Negra. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Futuro Anterior Ediciones, 2016. 288 páginas; U.S. $47.26 papel.

Este libro propone una interrupción de los modos habituales de pensar las movilizaciones, protestas y rebeliones en el mundo contemporáneo. En diálogos multidireccionales con la bibliografía actual acerca de la política, lo político, el poder, el capitalismo y las subjetividades, Reguillo aborda escenarios donde ha habido “litigio por la palabra” entre 2010 y 2016. No se trata de narrativas, sino de pensar desde otros lugares esos acontecimientos para comprenderlos, apelando a otras formas de la imaginación teórica.

Reguillo analiza los dispositivos hegemónicos que buscan interpelar y constituir subjetividades deseantes a partir de individualidades postideológicas. La convicción necesaria es que nada puede ser modificado en los paisajes de la paz de los cementerios, en el silencio de auriculares o vínculos unidireccionales ojos-pantalla como si ya no fuera imaginable ni siquiera levantar la cabeza y observar alrededor.

Los paisajes insurrectos son la inversión, la limitación y, en parte, el fracaso de ese dispositivo. Es la rebelión que enuncia que otra imaginación es posible. Pero no lo enuncia como argumento, sino como actuación: hace otras imaginaciones, destituye viejas fronteras, habilita otras posibilidades, hilvana otra política. Estos paisajes son “el espacio-tiempo del llamamiento a una revuelta de la imaginación en el que es posible pensar y sentir de otro modo, con otras y con otros, a través de la acción colectiva y conectiva”.

En particular, el libro profundiza en los eventos de Occupy Wall Street, Soy 132, el 15M, Nuit Debout, la Primevera Árabe y Passe Livre, considerándolos “insurgencias que emergen del paisaje sociotecnológico y político del siglo XXI”. Esos movimientos-red son configuracionales y no afiliativos, en el sentido de que constituyen espacios de intercambios y reconocimiento “en el devenir de lo insurrecto frente al paisaje de la crisis civilizatoria”. El otoño de aquel gran relato es el centro del primer capítulo, con foco en la ideología extractivista del discurso neoliberal y sus procesos de subjetivación.

Al mismo tiempo, no hay evento, no hay revuelta sin espacio: de hecho, muchas de ellas se referencian en el locus paradigmático de la plaza, devolviéndole su intensidad como espacio público, con sus multiplicidades, puestas en escena, conferencias, teatralizaciones. Son encuentros físicos de cuerpos heterogéneos, anudados por afectos tristes, por frustración devenida bronca que estalla como alegría en el acto mismo de la revuelta, de la ocupación. Como tal, la “topografía insurrecta” deviene un problema para el Poder, por su sola existencia, por su sola presencia indomable. Más aún si como en algunos casos, como en el de Zucotti Park, en #ocuppywallstreet, se convierte en una micrópolis.

Sobre esto transcurre el segundo capítulo. No alcanza, obviamente, con la mera existencia de cuerpos afectados. Es necesario que haya cuerpos deseantes de nombrar su afección de manera conectiva. Interrumpir el Poder con críticas que apunten a la raíz del funcionamiento neoliberal. Que cuestionen lo instituido y las formas tradicionales de negociación con lo hegemónico.

Es también, constitutivamente, un movimiento en red o un movimiento-red. Si el capítulo dos se ocupa principalmente del territorio de la plaza, el capítulo tres va a adentrarse en el paisaje de la red. En lo tecno, y en sus implicancias afectivas, poéticas y políticas de habitar y construir las protestas. Para ello, apela a la metáfora de “vectores de polinización” donde la red es un espacio de posibilidades (no un fin), con sus especificidades, donde aparecen nuevas nociones de comunicación y de lo público, con las ideas y emociones de sujetos que actúan de manera interconectada. Además, analiza cuatro casos de repertorios de acción conectiva: el streaming, los memes, el micrófono humano y el uso de hashtags.

En el cuarto paisaje o capítulo, retoma el tema de los afectos y las afecciones: la relación entre lo subjetivo y la tecnología, la multitud conectada afectada por el devenir insurrecto. Paisaje de las emociones que van de lo analógico a lo digital.

En este recorrido, hay varias marcas recurrentes. Reguillo recupera el proyecto de la construcción de teorías y conceptos de alcance medio, sin la grandilocuencia de la obra cerrada y sin el descriptivismo creciente y también asfixiante de estos. Algunos ejemplos son sus análisis con nociones como “trabajo de la imaginación” y “acción conectiva”, “espacio público expandido” y “producción de presencia”.

Por otra parte, la antropóloga de esta política emergente y multisituada asume el desafío de captar sentidos de acontecimientos diversos, dispersos. Vivencia algunos de ellos en cuerpo y alma, lo cual significa estar allí. Pero “allí” en estos casos es también, simultáneamente, estar en las redes. Y la etnografía situada y en línea, Reguilo la completa con análisis de big data para poder alcanzar las articuladores de subjetividades políticas.

Otro recurso que aparece en el libro son exploraciones de nuevas formas de escritura. Interrupciones varias de la argumentación clásica. Especialmente por definiciones o sentencias, con las fuentes más diversas, destacados como tweets. Algunas palabras en determinados momentos mencionadas como hashtags. Los modos específicos de hacer en las redes llegan al libro no como gesto de erudición cibernética, sino como estrategia para hacerse entender. De la misma manera, puede haber extensas transcripciones, que ya no provienen del diario de campo, sino de posts en Facebook. Si los movimientos en red no renuncian al locus plaza, un texto en red tampoco tiene por qué renunciar a la app libro. Ninguno de ellos lo hace, a riesgo de cercenarse, de limitarse a sí mismo.

El análisis de estas formas emergentes y recurrentes de la acción conectiva se vincula, con fuerza, a la obra de la autora. Salta a la vista la relación con su trayectoria en el análisis de los jóvenes, pero también aparecen aquí marcas de sus estudios de los significados de las espacialidades urbanas, así como de otras nociones que ha trabajado como, por ejemplo, la diferencia entre “socialidad” y “sociabilidad” o la noción de la “Plaza” como espacio intermedio, como “una temporalidad alterada y un espacio de condensación de relaciones que acrecientan la potencia de los cuerpos dispuestos unos con otros”. Eso se vincula a la tesis de Bensayag de que resistir no es sólo oponerse, sino crear, situación por situación, nuevas relaciones sociales.

Esa multitud conectada es una nueva forma de potencia (como nueva expresión multitudinaria de la tecnopolítica), como un poder que proviene de haber sido «afectados», es decir, “tocados por la pasión, por la emoción de “la cosa vivida” o “la imagen percibida”.

El libro no permite ni los optimismos ni los pesimismos fáciles. Más bien, produce un potente efecto de frescura tanto por la forma de la escritura como por sus principales tesis. Por fuera de toda narrativa teleológica acerca de sujetos sociales predestinados, da cuenta de cómo los escenarios culturales y políticos contemporáneos han habilitado nuevos lugares de enunciación, nuevas herramientas, nuevos usos, nuevos lenguajes, que dialogan de modos oblicuos con historias culturales e historias teóricas. Si el debate político no podrá en estos años evitar referencias a estos acontecimientos, el debate analítico y teórico tendrá como referencia ineludible estos Paisajes insurrectos. Porque estos permiten dilucidar, tanto en el proceso hegemónico, como en las revueltas contra lo establecido, hasta qué punto algo crucial ha cambiado. Quedará pendiente el desafío de seguir de cerca estos transcursos, estos devenires, que nos señalarán las potencias e impotencias de las sujetas y los sujetos emergentes, así como el alcance de sus despliegues en el porvenir de una ilusión.


Alejandro Grimson es doctor en antropología de la Universidad de Brasilia. Actualmente es Profesor Titular de antropología social en la Universidad Nacional de San Martín, en Buenos Aires. Investiga temas de cultura, política e identidades. Su principal libro, Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad (Buenos Aires: Siglo XXI, 2015) obtuvo el Premio LASA en 2012. Ha publicado otros cinco libros de su autoría, dos en coautoría y diez compilaciones. Ha dictado cursos y conferencias en diversos países del mundo.

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