Foto: Equipo de trabajo. Universidad Nacional de Colombia.
Foto: Equipo de trabajo. Universidad Nacional de Colombia.

Santa María de la Antigua: Prácticas y representaciones de un culto mariano entre Sevilla y el Darién

Abstract:
Santa María de la Antigua: The Practices and Representations of a Marian Cult from Sevilla to El Darién
This article aims to demonstrate that popular Catholic traditions in the state of Jalisco, Mexico do not simply represent a residue of the past but rather bestow continuity and territorial anchorage on new situations of mobility, displacement, and emergent (prefigurative) identities. The need for roots that characterizes contemporary life cuts across and reconfigures the most traditional of practices, those which in Mexico, as elsewhere in Latin America, are intimately associated with popular Catholicism. How do the effects of mobility manifest themselves in popular religiosity? The present essay illustrates and analyzes this phenomenon by way of several examples taken from a broader investigation into wandering religiosity, Marian apparitions in non-places, and the invention of patron saints for migrants.

Santa María de la Antigua del Darién, 1514

El 30 junio de 1514 una gran flota al mando de Pedrarias Dávila, quizás la más imponente expedición jamás organizada a lo largo de toda la conquista, llega a su destino final: Santa Maria de la Antigua del Darién, primera ciudad fundada por los españoles en Tierra Firme, es decir en el continente americano.

A bordo hay todo lo necesario para construir una capital castellana en el medio de las impenetrables selvas que rodean el golfo de Urabá. Se trata de un verdadero microcosmos de la sociedad española: jerarquías civiles (desde el gobernador hasta los ballesteros), estamentos eclesiásticos (desde el obispo hasta el sacristán), familias aristocráticas con su séquito de esclavos africanos, artesanos, soldados, labradores, mujeres de todas las clases sociales. En las estibas de naos y carabelas se guardan cerdos, gallinas, vacas, plantas, semillas, herramientas, ladrillos… todo lo necesario para reconstruir el propio terruño al otro cabo de la tierra. “El Arca de Noé del Mundo Nuevo” según la definición del escritor William Ospina (2005: 85). También hay campanas, trompetas, un órgano portátil, cálices de plata y opulentos atuendos religiosos: herramientas imprescindibles para moldear el espacio y el tiempo según la cosmovisión cristiana.

La colonia, extremo baluarte militar de Europa hacia occidente, en ese entonces no es sino una mísera aldea situada en el delta donde el río Atrato desemboca en el golfo de Urabá, fundada por Vasco Núñez de Balboa cuatro años antes. Ahí un puñado de hombres vive explotando a miles de indígenas reducidos a esclavitud, en su mayoría de la etnia Cueva.

Sin embargo, a partir de la entrada de Pedrarias y su tripulación, Santa Maria de la Antigua es destinada a devenir—por orden del Rey y con el consenso del Papa—la gran capital de Tierra Firme, recién bautizada “Castilla de Oro”. Fernández de Oviedo, escribano de la expedición y futuro cronista de Indias, es testigo ocular de la extraordinaria llegada:

saltó Pedrarias en Tierra, e entró en la cibdad de Sancta María del Antigua del Darién con toda la gente que llevaba del armada, que eran dos mil hombres, o más, e muy bien aderesçados e armados. (1535: lib. XXIX, cap. XLV)

“Es imposible concebir aquel encuentro entre el viejo y el nuevo orden de otro modo que en términos teatrales”, escribe la historiadora Kathleen Romoli que, a partir de la abundante documentación disponible, trata de reconstruir así la escena:

Las banderas desplegadas al viento eran: el estandarte de Castilla y León con sus áureos castillos y sus leones purpúreos, los estandartes religiosos, los innumerables pendones con sus escudos que proclamaban el orgullo de la nobleza castellana. Si se añaden los caballos con sus suntuosas gualdrapas, las relucientes armaduras, las plumas, las blasonadas sobrevestes; si se añade el tumultuoso mosaico de color desde el suave de los damascos al vivo escarlata de los bonetes de los marineros al fondo; si se añaden las trompetas y los atabales, los pajes, los guanches de Canarias, los esclavos moros, las traíllas de perros, etc. Podría imaginarse el cuadro compuesto aquella mañana calurosa del mes de junio sobre el fondo de la selva tropical y las colinas solitarias. Caminando a zancadas por el sendero que conducía al asiento, aparecieron los hombres de santa María: quinientos veteranos curtidos, trabajados, con sus trajes viejos y raidos, sin armas y cantando al unísono Te Deum laudamos… (1955: 227).

La numerosa población indígena, presencia olvidada, testimonio mudo del acontecimiento, también participa, en cautiverio, de la representación del incipiente poder colonial español.

Tomemos esta solemne puesta en escena como punto de partida para nuestras breves reflexiones sobre el papel del culto de Santa Maria de la Antigua—virgen viajera entre Sevilla y el Darién—en la apropiación material y simbólica del Nuevo Mundo. El paso de consignas entre Balboa y Pedrarias es, en efecto, un acontecimiento performativo rico en elementos de carácter gestual, visual y ceremonial, que nos permiten salir del monopolio de lo escritural, para repensar los tiempos de la conquista en términos de “semiosis colonial”, según la terminología propuesta por Mignolo (1995: 7-8).

Nuestra Señora de la Reconquista

Enfoquémonos, por ejemplo, en un detalle aparentemente insignificante: los dos estandartes principales de cada bando. Tanto los “baquianos” de Balboa como los recién llegados “chapetones” de Pedrarias exhiben con veneración la imagen de la Virgen María. No se trata de pendones ni de vírgenes cualquiera. El primer estandarte había acompañado a Balboa en su ritual de posesión de los mares del sur. Lo podemos imaginar desteñido y remendado como los trajes de esos veteranos. El de Pedrarias, de impecable elegancia como su dueño, en cambio acaba de salir de los talleres sevillanos. Escribe Bayles:

En esos estandartes de carmesí […] ricamente pintados o bordaos en oro y seda, por maravilla no hay uno que no lleve la imagen de la Virgen en el envés de las armas reales y aun a veces las mismas velas iban de igual modo enriquecidas con emblemas devotos. Así para la armada que partía en 1514 a Castilla de Oro, al mando del mal afamado Pedrarias, el doctor Matienzo ordenó hacer tres banderas, en dos de las cuales se gastaron 540 y 460 panes de oro, y más se llevaría la otra, dorada por ambas caras, con la imagen de Nuestra Señora de la Antigua. (En de Santa Teresa, 1942: 47)

No sólo los dos grandes antagonistas, Balboa y Pedrarias, se entregan ambos al culto mariano con el fervor característico de la época, sino que los dos profesan una particular devoción por la misma virgen: Santa María de la Antigua, que dio el nombre a la ciudad de sus discordias. Cabe entonces preguntarse de quién es esa virgen, a la cual la primera generación de conquistadores parece brindarle tanta devoción. ¿A qué se debe este culto mariano? ¿Qué implicaciones tiene su expansión en el Nuevo Mundo?

La virgen de la Antigua, a quien la iconografía representa por lo general llevando en una mano el niño Jesús que juega con un pajarito y en la otra un cetro, o una rosa sin espinas (como las rosas del paraíso terrenal, sin pecado), es una imagen que irradia amor y dulzura. Así aparece en las Cantigas de Alfonso X el Sabio (Whishaw, 1921: 364) y en los versos de Francisco Quevedo:

Y aunque me miráis tan niña
Soy más Antigua que el tiempo

Sin embargo, su fortuna y difusión está asociada a las guerras de reconquista contra los moros y luego al proceso de conquista del Nuevo Mundo por parte de los españoles.

Todo parece indicar que el culto a esa particular María, de remotos orígenes bizantinos, entró en la península ibérica a partir del siglo XII (el gran siglo de la devoción mariana en el occidente cristiano), a través, sobre todo, de los monasterios cistercienses y premostratenses que difunden representaciones románicas de la Virgen Theotokos, "la que dio a luz a Dios". Según García (1988), el culto de la Antigua proviene de las tradiciones sobre la aparición de la Virgen en las inmediaciones de Orduña (Vizcaya). En Zumárraga (País Vasco) hay una iglesia románico-gótica que lleva su nombre. Otras iglesias dedicadas a la Antigua se encuentran en Carabanchel (Madrid), Valvanera y Bañares. Asimismo, imágenes de la Antigua se encuentran en las localidades de Medina del Campo, Badajoz, Umbrete, Monteagudo, Cebolla y San Cipriano.

Ya en los tiempos del Cid las leyendas cuentan acerca de sus poderes milagrosos: según la tradición, Alvarfáñez de Minaya, sobrino del Cid campeador, al tomar la ciudad de Guadalajara a los infieles en 1085, colocó una talla de la virgen que había propiciado la victoria, que fue venerada con el nombre de Nuestra Señora de la Antigua. Sin embargo, su culto está íntimamente relacionado con Sevilla y con la imagen que se conserva en la Catedral mayor de la ciudad.

Foto: Equipo de trabajo sobre Santa María de la Antigua del Darién, Antropología - Historia Universidad Nacional de Colombia.
Imagen de Santa María de la Antigua, Catedral de Sevilla.

Foto: Equipo de trabajo sobre Santa María de la Antigua del Darién, Antropología - Historia Universidad Nacional de Colombia.

Nos cuenta José María de Mena:

La virgen de la Antigua es una de las más bellas imágenes sevillanas, y acaso la más antigua, como indica su nombre. Se trata de una pintura, de estilo romano-bizantino, a la que algunos atribuyen antigüedad que se remontaría a la época visigótica, aunque otros la crean del siglo XIV, Los primeros suponen que en el lugar de donde ahora está la catedral hubo una basílica visigótica, que quedaría incluida en la mezquita árabe, y recuperada luego cuando se reconquistó Sevilla y apareció la pintura oculta tras un tabique durante los siglos de dominación musulmana. (1994: 38-39)

Según una leyenda muy conocida, el rey San Fernando, mientras asediaba Sevilla, tuvo una visión que lo indujo a cruzar las líneas enemigas y a penetrar en la ciudad hasta la mezquita principal, bajo la guía de un ángel. Una de las paredes del templo se volvió de cristal y de repente apareció la imagen de Nuestra Señora de la Antigua. Era la señal de la inminente victoria. A los pocos días, los moros se rindieron y entregaron la ciudad. Lo primero que hizo el rey, al tomar posesión de Sevilla el 22 diciembre de 1248, fue volver catedral a la mezquita principal, rescatar la imagen de la Antigua y fomentar el culto en su honor (García, 1988).

Lo que es seguro es que, a medida que los cristianos van adueñándose de la península, Nuestra Señora de la Antigua es enlistada en la incesante cruzada contra los infieles. Desde la toma de Jaén (1246) y Sevilla (1248) hasta la de Granada (1492) se repite la misma escena: los cristianos, una vez ocupada manu militari la ciudad, trasforman la mezquita musulmana en iglesia cristiana. La primera imagen que entra en el nuevo templo es la Virgen de la Antigua. En la capilla a ella consagrada en la catedral de Granada, por ejemplo leemos:

La milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Antigua que se venera en esta capilla la trajeron los señores reyes católicos de Fernando y doña Isabel viniendo a la conquista de esta Ciudad que se entregó en el año 1492. (Gil Medina, 2005: 112 y 1167)

La patrona de los navegantes a Indias

Con la gran expansión europea del siglo XVI, el culto mariano a la Antigua adquiere dimensiones verdaderamente planetarias, sobre todo gracias a la veneración de marinos y navegantes. Todas las primeras generaciones de conquistadores y viajeros, a partir del mismo Cristóbal Colón, acostumbran a recomendarse a ella especialmente, antes de emprender la travesía hacia las Indias.

Probablemente hacia 1488, cuando Colón vino a Sevilla y visitó el magno templo catedralicio, se postró a orar en una de sus capillas colaterales, precisamente la que estaba presidida por una bella Virgen con una rosa en la mano y en sus brazos el niño jugando con un pajarito, y buena prueba de ello es que cuando comienza a descubrir ese retazo de islas caribeñas, que constituían la antesala del continente americano, toma una y la bautiza, entre agradecido y devoto, con el nombre de la Antigua. (Mena, 1998: 25)

Tanto los documentos, como el rico anedoctario que rodea la vida de Colón, subrayan su profunda devoción a la Antigua. Una devoción que lo acompaña hasta la muerte. En el testamento de Diego Colón del 16 de marzo 1509 se lee:

E por quanto fasta agora yo no tengo asignado lugar cierto para la perpetua sepultura del cuerpo del Almirante mi señor padre, Santa gloria aya, en del mío, digo que mi voluntad sería y es que se ficiase una sepultura muy honrada en la capilla del Antigua de la Iglesia mayor de Sevilla […]

El ejemplo del almirante del mar Océano hace escuela: durante toda la conquista temprana, las tripulaciones que zarpan rumbo a la Indias acostumbran postrarse frente a la Antigua en su capilla, tanto a la salida como al regreso. Es el caso de la famosa expedición de Magallanes. De los cinco navíos que salen en búsqueda de una ruta occidental a las islas de las Especerías, únicamente una regresa tres años después, con sólo 18 sobrevivientes a bordo.

Desde Sanlúcar, la “Victoria” remontó el Guadalquivir y echó el ancla en el sevillano puerto de las Muelas, en medio de la gran expectación del pueblo, que los vio bajar de la nao “en camisa y descalzos, con un cirio en la mano”, nos cuenta Pigafetta (...). Fueron a la iglesia de nuestra Señora de la Victoria y a la de Santa María de la Antigua ‘como lo habíamos prometido en momentos de angustia’. (Díaz Trechuelo, 2001: 45)

Esa impresionante escena, nos puede servir como punto de partida para tratar de esbozar el circuito de producción, intercambio y consumo que caracteriza el culto de la Antigua a partir del siglo XVI. Los sobrevivientes de la primera vuelta alrededor del mundo, ofician un ritual que cierra, de alguna manera, una larga cadena de relaciones tejidas alrededor de esta virgen viajera.

El punto de partida es la convicción, ampliamente difusa en el mundo católico, de los efectivos poderes de la virgen. Un poder que, sin embargo, para hacerse efectivo tiene que enfocarse hacia un especifico culto local a la madre de Jesús, expresándose a partir de una serie de prácticas rituales, de representaciones y copias de representaciones, de construcciones simbólicas que propician milagros y epifanías marianas.

Tomemos el caso de Ojeda, “el Caballero de la Virgen”, primer conquistador a asentarse en el golfo de Urabá y otro gran devoto de la Antigua. “Santa María de la Antigua” se llama la nao con la que cruza el mar Océano, así como la imagen que siempre lleva consigo. Explica Las Casas:

Traía Ojeda una imagen de Nuestra Señora y muy devota, , y maravillosamente pintada, de Flandes, que el obispo Juan de Fonseca, como le quería mucho, le había donado, con la cual Ojeda tenía gran devoción, porque siempre fue devoto servidor de la Madre de Dios. […] Sacaba Ojeda su imagen de su talega y poniala en un árbol, y allí adoraba y exhortaba a que los demás la adorasen, suplicando a Nuestra Señora los quisiese remediar, y esto hacía cada día y muchas veces cada y cuando hallaba la oportunidad. (1552: lib. II, cap. III)

Así se trate de evangelizar indios o de descansar entre manglares, de encomendarse en una batalla o en un pleito, Ojeda recurre a la imagen de la Antigua. Una imagen que cumple, a la vez, las funciones de talismán mágico, de reliquia sacra y de atributo de autoridad. Lo que da valor a este tipo de imágenes no es ni su carácter estético, ni su valor comercial, sino su carácter performativo: del ícono se desprende un poder milagroso.

Viendo los enemigos de Ojeda que siempre salía victorioso, pensaron que no podía atribuirse tal fortuna sino a la protección de la Virgen que le acompañaba, y quisieron experimentar si sería más poderosa que los ídolos.Cepeda (1955: t. I cap. XX)

Desde luego, en la prueba de Dios que sigue triunfa la madre de Dios.

Sin embargo, también hay disputas y antagonismos entre los diferentes cultos marianos. Es el caso de la contraposición entre Sevilla y Triana, hermanas y rivales desde siempre, al igual que sus vírgenes, nuestra señora de los Remedios y nuestra señora de la Antigua. Según Carmen Mena:

resulta muy arriesgado afirmar cual de las dos advocaciones gozaba de mayor devoción y popularidad en la Sevilla del Descubrimiento, pero sin duda Nuestra Señora de la Antigua era una de las más famosas entre los fieles hispalenses y entre los marineros, soldados y pasajeros que viajaron a América. (1998: 25)

No todas las representaciones de la Virgen tienen la misma eficacia. Las Casas relata su llegada a Comanguey (Cuba)

donde Ojeda dejó [a los indígenas] la imagen de nuestra Señora, muy devota; y porque los españoles que habían visto la imagen dicha, loaban mucho la imagen al dicho Padre [al mismo Fray Bartolomé] y el llevaba otra de Flandes, también devota, pero no tanto, pensó en trocarla con voluntad del Cacique, que trocasen las imágenes. (1552: lib. III, cap. XXIX)

El torpe intento se resuelve en un accidente diplomático que casi lleva a un enfrentamiento con los indígenas. Es un episodio que deja en claro la existencia de jerarquías bien establecidas entres los diferentes íconos marianos, a raíz de su potencial milagroso.

La performatividad depende en buena medida del respeto meticuloso de los rituales y de las prácticas cotidianas. Bayle describe la costumbre, sancionada por la corona, en vísperas de expediciones navales:

Primeramente se ha de poner el sábado en la noche el Estandarte cogido (plegado) en el altar mayor de Santa María. E halo de velar el Almirante con Caballeros e Escuderos de su mesnada, e con los otros sennores caballeros e esvuderos de la Cibdad… (En de Santa Teresa 1942: 47)

Estas imágenes, bajo forma de estandartes, pero también de libros de horas, pinturas, escudos, sinperdones, escapularios, cerámicas, rosarios, sirven para rescatar náufragos y desenmascarar protestantes, aplacar las olas marinas y derrotar a los indios. Su circulación, ya desde los primeros viajes atlánticos, es exuberante. Un gran tráfico de imágenes marianas que, para poder funcionar, tienen que respetar una compleja normatividad a garantía de su carácter mágico-performativo, bajo la estricta vigilancia de las autoridades establecidas. El fomento a esas modalidades de cultos marianos forma parte de la amplia estrategia desplegada por el clero español para defender sus aspiraciones monopolistas en el proyecto de evangelización del Nuevo Mundo. Las autoridades eclesiásticas, por un lado, insisten sobre la unidad “teológicamente correcta” de la devoción a la Madre de Dios, amenazando en ocasiones a grupos rebeldes que se desvían del dogma. Por el otro, toleran, e inclusive fomentan abiertamente, esas otras formas de devoción popular.

El influyente cardenal Fonseca, por ejemplo, acostumbra regalar personalmente copias de nuestra señora de la Antigua a los conquistadores rumbo a las Indias que están bajo su protección (como vimos en el caso de Ojeda). No es el único: en un documento del cabildo de la catedral de Sevilla con fecha del 26 de febrero de 1524 se lee:

En dicho día cometió el Cabildo al Señor Arcediano de Sevilla, y a Pedro Pinelo, fagan que en la cofradía de la Antigua ganen los perdones della, como se ganan en esta ciudad, en las Indias, en Yucatán y en todas las partes de Ultramar, fagan que les manifiesten los perdones que tiene la capilla e imagen; y si fuese menester dar las insignias, esos es, estampas y pinturas suyas, que las den y fagan todo lo que conviniere en este caso.

Una virgen globalizada, un culto planetario

Las líneas de expansión del culto de la Antigua, patrona de los navegantes que van a las Indias, siguen las rutas de la expansión ibérica. Los talleres sevillanos la reproducen en miles de obras de arte que viajan por el mundo entero, de Flandes a Nápoles, de Nueva España al Darién, de las Filipinas al Reino de los Patagones. Nuestra virgencita abandona los círculos cerrados de la cofradía que lleva su nombre, de las familias y los círculos de devoción locales y se proyecta como una de las imágenes paradigmáticas del Imperio español entre los siglos XVI y XVII. Se vuelve global sin perder su arraigo local, dispersa por el mundo a lo largo de las rutas de la expansión ecuménica y circunscrita a específicas instituciones religiosas radicadas en España.

A comienzos del siglo XVI, Nuestra Señora de la Antigua pasa, bajo múltiples formas, a Santo Domingo y a Canarias, luego a Tierra Firme, Panamá y México. Hernán Cortes le dedica templos en Zampoala, Tabasco, Cozumel y Tlascala. En la catedral del Cusco, levantada sobre al palacio de Kiswar Kancha, del Inka Wiraqocha, hay un altar dedicado a ella, con una copia de la imagen hispalense. Todavía se encuentran copias de “retratos de la de Sevilla” en Tunja y Bogotá (Vargas Húrgate, 1947). Es probable (aunque no comprobado) que sea ella la Reina del Mundo y señora del mar Océano representada en el centro del famoso mapamundi de Juan de la Cosa, “el mejor piloto que por aquellos mares había”, según Las Casas (1552: lib. II, cap. II). Aún hoy en día es patrona de Panamá y de la universidad de San Marcos en Lima (Cabanillas, 2001: 17-26). A ellas se le dedican naos, islas, capillas, iglesias, colegios, universidades a lo largo y ancho del Nuevo Mundo. Su inserción en el complejo programa iconográfico de la contrarreforma la volverá pronto parte de la “máquina de guerra” barroca para propagar la fé y exorcizar el diablo, como en la catedral de Granada donde aparece junto a la imagen de Santiago el santo guerrero, que con su caballo aplasta al moro.

El culto se afianza al mismo tiempo en Europa: iglesias, capillas, colegios y ermitas barrocas dedicadas a ellas se encuentran en Burgos, Palencia, León, Lugo. Mesa nos recuerda que:

Los reyes católicos—le ofrecieron una lámpara de plata por el nacimiento del príncipe don Juan. Carlos V llevó su imagen al ir a luchar contra los luteranos. Seis iglesias de Sevilla y quince de su arzobispado llevan su nombre. Tuvo altares en Lisboa, en Roma y Cracovia. (1986: 11)

Su fama empezará a mermar solo con la decadencia del puerto de Sevilla, la ciudad que con mayor fervor la había adoptada. ¿Cómo explicar tanto fervor? Lo que pasa es que esa circulación de imágenes implica lautos retornos, tanto en el plan espiritual como en el material. Padre Severino de Santa Teresa nos recuerda que muchos de los capitanes del Darién hicieron sus donaciones a la Virgen del Antigua:

Hubo en lo antiguo innumerables exvotos, muchos cirios gruesos, hierros y cadenas de cautivos, naos y galeras, y multitud de banderas-trofeos de las victorias, de las cuales solo restan tres, pendiente de la verja principal en forma de estandartes con dos farpas. […] El Tesorero de Santa María, Alonso de la Puente, anotó que en 1515, el 4 de junio metió a fundir Francisco de Mairena 73 pesos y 4 tomines de oro para hacer media luenta en que fuese el corpus en la Iglesia de la Antigua. En 1518 dejó constancia de que se entregaron al Obispo una patena de oro que dieron para Santa María de unas excursiones a los cacicazgos de Natá. En este mismo año aparece también la entrega de una cuarta parte de las entradas de Balboa para la Iglesia de Santa María. (1942: 55 y 276)

El ciclo se cierra: conquistadores y navegantes de regreso a casa cumplen con las promesas y las plegarias hechas, devolviendo una parte conspicua de sus riquezas, o simplemente de sus modestos haberes, a la capilla de referencia, lo cual a su vez pone en marcha una economía local.

Santa Maria de la Antigua del Darién, 500 años después

¿Qué queda hoy de la ciudad dedicada a Santa María de la Antigua del Darién, actualmente en territorio colombiano, en la frontera con Panamá? Thomas en la introducción a su monumental Rivers of Gold. The Rise of the Spanish Empire, from Columbus to Magellan, confiesa:

El único lugar, entre los descritos en ese libro, que no he visitado. […] Este lugar está bajo el control de los guerrilleros, cuyos intereses no parecen contemplar asistir a los historiadores visitantes. (2003: 4)

Aunque las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) siguen presentes en la zona, a partir de la arremetida paramilitar que azotó la región y el país entero a finales de los años noventa, la ribera occidental del golfo de Urabá ha pasado al control del frente Elmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia, al mando de Freddy Rincón, alias “El Alemán”.

Según Ortiz Sarmiento, el éxito de la feroz campaña paramilitar llevó, a

la expansión y el posicionamiento [en el país] del modelo que los Castaño habían instaurado a partir de Urabá, el Daríen y Córdoba, con todo lo horrendo y criminal que conllevó el método de las masacres y los desplazamientos masivos y con la complicidad de mandos de las instituciones armadas y de sectores pudientes de las sociedades locales. […] Salvo contadas veces […] las dos fuerzas opuestas [FARC y AUC] no se confrontaron directamente […] Fueron civiles inermes, generalmente campesinos y colonos, muchos de ellos afrodescendientes y en varias circunstancias indígenas, las víctimas fatales de esa disputa de territorios. (2007: 159-162)

Foto: Equipo de trabajo. Universidad Nacional de Colombia.
Tanela, municipio de Unguía (Chocó), marzo 2007.

Foto: Equipo de trabajo. Universidad Nacional de Colombia.

A comienzos de 2006, con un grupo de profesores y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia decidimos emprender por primera vez un viaje a la zona, en el marco de un proyecto de investigación histórico-arqueológica sobre Santa Maria de la Antigua del Darién. Luego de llegar en bus a la ciudad antioqueña de Turbo, atravesar en lancha el golfo de Urabá y meternos en el laberinto de aguas del delta del Atrato, finalmente llegamos a Tanela, en el municipio de Ungía,Chocó.

Se trata de un caserío de colonos fundado hace no más de cuatro o cinco años: el viejo Tanela ha sido literalmente borrado del mapa por los paramilitares a través de una política de tierra arrasada, asesinando, aterrorizando y desplazando a sus habitantes. Da escalofríos constatar que quedan menos huellas de ese pueblo contemporáneo que de una antigua fundación castellana de hace 500 años.

De ahí hay que proseguir unos cuarenta minutos a pie o a caballo en el medio de una extensa platanera, hasta el sitio arqueológico.

Foto: Equipo de trabajo. Universidad Nacional de Colombia.
Santa María de la Antigua en el Santuario de Tanela, municipio de Unguía (Chocó), marzo 2007.

Foto: Equipo de trabajo. Universidad Nacional de Colombia.

Al llegar, nada recuerda al visitante de paso que el lugar es un hito histórico, recordado en los textos escolares de todo el mundo. Lo que alguna vez soñó con ser la capital de la inmensa tierra incógnita a las antípodas del mundo conocido, es ahora un simple potrero, en medio de una región aporreada por la violencia y la miseria.

El único indicio visible de un interés para los tesoros culturales de la zona guardados bajo tierra, sigue siendo la intensa actividad de guaquería que caracteriza al lugar. La búsqueda del oro sepultado en las tumbas indígenas, una costumbre que se remonta al siglo XVI, es la razón del saqueo sistemático del subsuelo, que devasta las huellas del pasado y obstaculiza una reconstrucción rigurosa de su estratigrafía. Un saqueo comparable sólo con la explotación descabellada de los recursos naturales de la región: talas indiscriminadas de bosques, explotación del suelo y del agua para los monocultivos, cacería de pájaros y animales salvajes para la venta.

“Santuario” es el nombre con el cual los locales se refieren al lugar. Y en efecto, lo único reconocible ahí es una pequeña iglesia. En 1992 la arquidiócesis de Apartadó decidió reconstruir y consagrar la primera catedral erguida en el continente americano, en el marco de los 500 años de la conquista espiritual del Nuevo Mundo. Una oportunidad imperdible para relanzar los esfuerzos de evangelización católica, en una región que en los últimos quince años se ha convertido masivamente a los cultos evangélicos.

Una mañana de 1992, desde un helicóptero aterrizó el obispo de la ciudad alemana de Magonza con amplio sequito de prelados, a consagrar oficialmente la capilla. Era desde los tiempos de la llegada de la flota de Pedrarias que por ahí no se veía tanta pompa. Desde luego, como en aquel entonces, la tripulación traía de regalo un cuadro de Nuestra Señora de la Antigua.

Fuente: http://www.hispalis.net
Zona arqueológica de Santa María de la Antigua del Darién, marzo 2007.

Fuente: http://www.hispalis.net

“La trajeron de allá, de Sevilla”, nos asegura la señora Ana, que guarda las llaves del Santuario.

Ahora la capilla no tiene feligreses, ni cura. Pero, cada 15 de agosto, Fiesta de la Virgen, la arquidiócesis organiza una solemne procesión hasta el Santuario con católicos provenientes de toda la región. Familias enteras desfilan detrás de las insignias de Nuestra Señora de la Antigua, que en la región es conocida como la Patrona de los secuestrados. Una vez más, la imagen de esta virgen viajera es la primera a entrar en territorio de guerra, para proteger ese pedacito de tierra católica rodeado de un clima insalubre, una naturaleza lujuriosa y una violencia endémica. En Urabá, los fantasmas de la historia siguen alborotando el presente: la conquista parece ser un pasado que no pasa.


Paolo Vignolo (Italy, 1968) is an Associate Professor at the Universidad Nacional in Bogotá. His work focuses on the exploration of inverted worlds (antipodes, carnivals, revolutions) from the Middle Ages to the present. After earning a degree in Economic and Social Disciplines, he devoted himself to social work and theatrical activities, working with the Taller de la Imagen Dramática directed by Enrique Vargas (now known as Teatro de los Sentidos), the Adra Danza company directed by Marta Ruiz, and the group Residui Teatro de Roma, of which he is a co-founder. In 2003 he defended his soon-to-be-published doctoral thesis, titled “Europa al revés: las antípodas en el imaginario del Renacimiento” [Europe in Reverse: The Antipodes in the Renaissance Imaginary] at the Écoles des Hautes Études en Sciences Sociales in Paris. He is the author of a number of academic texts, essays, and performances and collaborates with the Hemispheric Institute of Performance and Politics.


Obras Citadas

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