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Comentarios editoriales: pasiones, performance, afectos públicos

Mirta Antonelli y Gabriel Giorgi

El debate y las luchas en torno a lo público, lo común y lo comunitario ante el avance privatizador de las sociedades neoliberales no se restringe a la dimensión de los recursos naturales, la riqueza social, o el acceso a servicios que aseguren la dignidad mínima de la vida; involucra también, y de modos decisivos, el dominio de lo afectivo, de los lazos y los modos de construir comunidad, los modos de la vida social. Si los discursos privatizadores legitiman la violencia de sus prácticas con imágenes de un universo 'limpio' de indeseables, una 'limpieza' que hace posible la comunidad-como en las publicidades de los barrios cerrados en Argentina-ciertas performances alternativas experimentan con otros modos de hacer de las pasiones un hecho público, otras maneras de explorar lo común en el umbral de los afectos y deseos. Los ensayos compilados en esta colección dan cuenta, en torno a los materiales más diversos, de esas exploraciones alrededor de los afectos públicos.

Las pasiones (deseos, emociones, sentimientos, afectaciones) han sido y son constitutivas de la historia de las relaciones entre cuerpo y política: tanto de las formas de gobierno y de las modalidades del lazo social como de las formas socio-históricas de la subjetividad; de su posibilidad tanto como su imposibilidad; de su cálculo y de su incalculabilidad. Por ello, la historia de estas relaciones ha constituido uno de los nodos de reflexión de la filosofía política:

Spinoza invita a concebir la filosofía política como una reflexión sobre la vida común de los hombres, que toma en consideración las pasiones en tanto unidades elementales de su constitución. Por consiguiente, una forma de gobierno dada podrá ser decodificada en virtud de las pasiones que la animan, que le confieren su materia. (Tatián, 2001: 161)

La cuestión central es, en todo caso, si hay posibilidades de pensar las relaciones políticas y la vida con otros desde una matriz que no sea la de la dominación del hombre por el hombre. Y, de haber una respuesta positiva-dado que en Spinoza podríamos hablar de una antropología del deseo-qué pasiones inhibirían dicha dominación.

Teorizar, analizar o poner en acción (en prácticas políticas y/o estéticas) las relaciones entre pasiones y política requiere también interrogar las relaciones entre cuerpo y significación, es decir, anudar la antropología de las pasiones con los procesos semióticos- lo real, lo simbólico y lo imaginario. En tal sentido, las pasiones- constelaciones cultural e históricamente configuradas—"preparan, conservan, memorizan, reelaboran y presentan los ´significados reactivos´ más directamente atribuidos a personas, cosas y acontecimientos por los sujetos que los experimentan dentro de contextos determinados, cuyas formas y metamorfosis evidencian" (Bodei, 1995: 10). Así, la dimensión y los componentes pasionales se pueden concebir como vectores en y de una comunicación tonalmente marcada.

Desde esta antropología del deseo, un derrotero significativo lleva de la 'vida común' a la 'vida en común'. Este número de e-misférica se propone interrogar una topografía alternativa de lo social: en lugar de acomodarse a los espacios disciplinarios de lo 'privado' y lo 'público', de lo propio y lo ajeno, lo subjetivo y lo colectivo, las pasiones emergen allí donde se hace visible lo común, eso que es irreducible a las disciplinas, al cálculo económico y político, a la normalización social. Menos la ocasión de un 'encuentro' pacificado con los otros que la disrupción de una potencia común, las pasiones o los afectos públicos son la dimensión en la cual las singularidades sociales (las formas de vida en su especificidad, en su experiencia y en su experimentación) se inscriben en el espacio de los tráficos, los intercambios, las mezclas y las fricciones. Lo social aparece así como una arena donde la 'vida en común' es zona de redefiniciones, de luchas alrededor de nuevas reglas y de nuevas posibilidades. Esos afectos públicos, en fin, son la instancia en la que la democracia no es mecanismo de representación sino ejercicio de singularización, de trabajo y experimento entre los sujetos, los cuerpos, los grupos y los territorios.

Sin duda, el "estado de excepción" como paradigma-tanto de la geopolítica de la (in)seguridad como de las diversas modalidades de la vida precaria, sus imaginarios del desamparo y el efecto—precariedad que retroalimentan—tiene ínsita la relación entre cuerpos, política, narrativas y pasiones. Un conjunto de las colaboraciones que aquí se publican tiene este paradigma como contexto de inscripción: el ensayo de Rossana Reguillo, la experiencia estético-política y afectiva del RECOLECTIVO, el análisis crítico de los cuerpos del hambre en Argentina y el documental Una modesta proposición de Miguel Mato. Es también este contexto-paradigma en el que emergen las modalidades de las "transformances" que analiza Diego Zenobi en las escenificaciones de los ahorristas argentinos, en un abordaje de las relaciones entre performance y economía.

En la escena contemporánea, estos interrogantes, a manera de insistencias que persisten, aportan claves de interpretación para el análisis crítico de la administración de sentidos de las afecciones en las emergentes escenas de la 'sociedad civil': las prácticas de la 'participación ciudadana' y las tensas (provisionales) divisorias entre legalidad/legitimidad, en torno a la dislocación del Estado, las actuales condiciones mediáticas de la cultura, que atraviesan el estado, la socialidad y la política. Así, apuntan a visibilizar las sociedades de la emoción y las ciudadanías de las pasiones que rigen la videosfera contemporánea. El documental de Miguel Mato resguarda, en cambio, las escenas por las que los cuerpos de niños y niñas argentinas, lejos de asumir la objetivada fijeza de la iconografía del hambre y el mutismo de los seres grises sin voz de los medios nacionales de la prensa argentina, adquieren dignidad política en el espacio público, como subjetividad afectiva y lúdica enlazada y como sujeto de derechos. Como podemos observar en el ensayo de Florencia Donadi et al. publicado en la sección "Las imágenes que nos miran", estas imágenes dignificantes, precisamente, serían canceladas por el estado de excepción que instituirá, como relevo del derecho, la donación de alimentos como beneficio, desde la retórica pietista del buen samaritano, del amor al prójimo.

El acontecimiento, la catástrofe, el trauma, son todas ellas categorías que permiten interpretar las irrupciones que inauguran—como el ataque a las torres gemelas—estallidos y colapsos de las narraciones culturales, los sistemas jurídicos, los marcos referenciales disponibles y las reglas sociales de las relaciones intersubjetivas. Se trata de temporalidades desatadas por el evento que disrumpe las cadenas simbólicas—emergencia, urgencia, inminencia—las que dan lugar luego a procesos de normalización. Todas estas categorías, cuya temporalidad está sobredeterminada por las afecciones, son, a la vez, parte de una política de la nominación y una política de la mirada: quién nombra/quién mira. Tal vez por ello el dispositivo mediático en la cultura sea el más permeable, con sus lógicas, para producir el verosímil de los tiempos de excepción y el emocionar trans-subjetivo que los discursos hegemónicos de actualidad cristalizan en estas democracias en las que el Estado ha devenido "rito sin mito". Atravesado por los poderes destituyentes del mercado, el lazo social ya no sería pensable como anudamiento con el lazo político de la modernidad, porque la norma jurídica ya no se anuda con la ley simbólica y la regla social. Sin mito no hay rito; hay regla operatoria, pero no ley (Lewkowicz: 2004).

Por la implicación recíproca entre quien nombra/quien mira el acontecimiento, el ensayo de Reguillo recurre a la metáfora del 'fresco' para ahondar en la excepción sentida por los actores sociales, para iluminar las intersubjetividades pero, sobre todo, la divisoria misma entre excepción y normalidad. Ana Longoni, en su comentario a "No estábamos hechos para los mismos caminos", intervención y performances del grupo de artistas del RECOLECTIVO, indica, a manera de un código de señalización urbana, qué miradas pueden cruzarse en lo urbano cuando la ciudad ha trazado nuevas o modificadas exclusiones, cuando se multiplican los centros y las periferias de sociedades fragmentadas, de una ciudad cuya sintaxis se ha trastornado. Como decía Debord, lo que cambia nuestro modo de percibir la ciudad es más importante que lo que cambia nuestro modo de ver la pintura. Percibir el lazo entre los artistas, percibir el lazo de los artistas con el común de la gente, en el más (habitual) común viaje o traslado del más común (normal) de los medios de transportes en Córdoba, Argentina, es el ejercicio lúcido de Longoni, en el que se detiene a ponderar la fuerza del cuerpo del artista para irrumpir en el anestesiamiento/somnolencia de lo más habitual, y abrir también la política del encuentro a través de una intervención que llega a los barrios de quienes están excluidos del centro, de los espacios de intercambio y privados de los lazos formales del mundo del trabajo, la economía y la escuela- aquello que para los incluidos, es lo más común. Absurdo, humor, trastocamiento de lo público/privado/íntimo, sabotaje a las palabras gastadas de la retórica política y mediática, trabajan para una afectación que busca hacer contacto, si efímero, compartido colectivamente.

Las 'performances' urbanas de Carlos Monsiváis, en este sentido, extraen de la microscopía de la calle el umbral colectivo de los cuerpos y de la lengua: suicidas fallidos, la imaginación "biopolítica" de un taxista que quiere hacer de los órganos una moneda de castigo, la 'cadena infinita del ser' que es un vagón de metro en la ciudad de Mexico... se trata de encontrar la mirada a la vez anónima y singular para eso que, en el detalle efímero de la vida de la ciudad, refracta y reinventa el universo de lo común y lo compartido. Ese universo común es lo que aparece como 'suelo' en las performances de Andréa Maciel García, que ocupa el espacio urbano con un cuerpo abierto al riesgo como condición de la vida contemporánea: fragilidad, exposición e intimidad como ejes de la intervención preformativa. Y, a su vez, es precisamente la exposición de los 'sin techo' en la ciudad lo que dispara en el artículo de Fabiane Borges una exploración o viaje perceptivo, a la vez estético, literario, mítico y político, de compaginación de experiencias con textos y materiales diversos, alrededor de ese umbral que, en los cuerpos y su inscripción en la ciudad, desborda los reclamos de las identidades, sus economías de pertenencias, y señala una lógica de lo que es al mismo tiempo singular y común.

El artículo de Gustavo Blázquez registra en el universo del cuarteto y de sus bailes rígidas gramáticas de género en las que se reproducen mecanismos de dominación masculina. Allí el potencial liberador de las culturas populares—la 'joda'—se enfrenta con una normalización muy fuerte a nivel del género, y emerge como un umbral de politización posible. En una dirección opuesta, las performances de 'hospitalidad' de Julie Tolentino trabajan sobre la posibilidad del encuentro—azaroso, imprevisto, incalculable—con otros cuerpos en un espacio y una duración que constantemente se va alterando, y que explora los modos de lo común en una danza cada vez singular.

Por su parte, el ensayo de Paloma Vidal lee la nueva visibilidad política de lo común, su inscripción literaria, corporal y cultural, en los textos de João Gilberto Noll —textos donde tanto los personajes como la voz narrativa se transforman en su reducción a un 'mínimo', a un despojo o desecho de la ciudadanía global en el que, sin embargo, la escritura articula un nuevo umbral de afectividad y de comunidad. En torno a materiales y prácticas radicalmente heterogéneos, el ensayo de Debra Levine articula también una política de lo común y de lo público, pero esta vez alrededor del espacio y de la circulación en la ciudad de Nueva York, en las acciones de Critical Mass y su ocupación de la calle con un flujo de bicicletas como acto de recuperación del espacio público en tanto espacio de circulación no normativa, comunitaria y comunicacional-e incluso generador de memorias colectivas. Por último, en la sección que reúne "Informes de campo", las políticas y las culturas en torno a las pasiones comunes se conectan con dimensiones tan heterogéneas como la danza (Musetta Durkee), el activismo 'trans' y el carácter biopolítico de la resistencia a la normatividad genérica (Julia Steinmetz) y los debates en torno al umbral de la manipulación genética (Rachael Weisman).

"Querer ser y hacer con los otros-en sentido cuantitativo y cualitativo, deseo activo de población que, si existe, existe con él lo incalculable-lo que significa: no sabemos lo que puede un cuerpo social", escribe Diego Tatián. En la medida en que la vida compartida persevera en su indeterminación y se resiste a estar por completo sometida a un cálculo-cuya eficacia requiere una manipulación de la esperanza, del miedo, de la seguridad-y en la medida en que sea capaz de poner en circulación otras pasiones, tiene sentido la palabra democracia como potencia colectiva capaz de dar sustento a un procedimiento y una forma. El estado de soledad-no únicamente el de un náufrago, también el de una muchedumbre-que es propenso al miedo frente a la huella de otro, pasa de la burla a la condena y del desprecio al odio. El estado de soledad, connatural al imperio del puro procedimiento, no perdura mucho tiempo; no tarda en convertirse en apasionado deseo de servir para hallar satisfacción, sólo, en las miserables alegrías del odio." Las intervenciones compiladas en este número exploran, en su inmensa variedad de registros y de problemas, esa 'potencia colectiva' en los pliegues, los detalles-a veces mínimos- las escenas, las violencias de la 'vida en común', en sus pasiones y sus afectos.


Obras Citadas:

Bodei, Remo. 1995. Geometría de las pasiones. Miedo, esperanza, felicidad: filosofía y usos políticos. Mexico City: Fondo de Cultura Económica.

Lewkowicz, Ignacio. 2004. Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Buenos Aires: Paidós.

Tatián, Diego. 2001. La cautela del salvaje. Pasiones y política en Spinoza. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

 

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