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Matrimonio igualitario: Aporte desde la teología cristiana

Introducción editorial El debate por el matrimonio igualitario en Argentina (año 2010) evidenció el pluralismo y la heterogeneidad del campo religioso ya que líderes y representantes de distintas tradiciones religiosas se movilizaron a favor del proyecto de ley que permitía el matrimonio a las parejas del mismo sexo. Entre ellos, dos grupos de sacerdotes católicos, ubicados en distintas provincias, hicieron público su apoyo al movimiento por la diversidad sexual criticando la posición de su jerarquía. Se acompaña a continuación la carta que el sacerdote Nicolás Alessio escribió en favor del matrimonio igualitario como parte de la postura del Grupo de Sacerdotes Enrique Angelelli de la Provincia de Córdoba.

Algunos cristianos y judíos afirman basarse en la Biblia para condenar la homosexualidad. Cuando el último libro de la Biblia se escribió ni siquiera existía una palabra para decir «homosexual».[1] _-Andrés Rivera
Dios es amor, el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. –San Juan
Dios es espíritu, donde está el Espíritu está la libertad.-San Pablo a los Corintios
Ya no hay diferencia entre judío y griego, esclavo y hombre libre, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. –San Pablo a los Gálatas

Introducción

Ante la sanción de la ley 26.618 y decreto 1054/10 (Ley de Matrimonio igualitario) que permite a personas del mismo sexo ser “matrimonio” y vivir profundamente el amor y la sexualidad, ley que les reconoce ese derecho inalienable, entendemos que aprobarla, acompañarla y profundizarla nos puso en el camino del Evangelio de Jesús y nos hace una sociedad mejor, mucho mejor. Un Jesús que nos ha revelado el rostro amoroso de su Dios y que es radicalmente contrario a todo legalismo cuanto más si se trata de un legalismo religioso-ritual. No necesariamente ni siempre, las iglesias en la voz de sus autoridades y en sus posicionamientos, coinciden con el Evangelio, al menos en muchas de ellas. Este tema es uno de esos casos.

Veamos

• Jesús nunca fijó una doctrina cerrada sobre el matrimonio, simplemente siguió las costumbres de su época y avanzó en reconocer y defender a las mujeres, de una manera especial, en un contexto machista y patriarcal….

• Jesús jamás mencionó y mucho menos condenó la homosexualidad, pero sí se enfrentó a los soberbios, a los que se creían puros, a los que tenían el poder opresor, a los que esclavizaban, a los que humillaban…

• Jesús siempre puso la ley al servicio de una mayor humanización, donde el centro es la persona y, sobre todo, los proscriptos, los olvidados, los últimos…

• El término “homosexual” no aparece en la literatura sino hasta fines del siglo XIX ( fue empleado por primera vez en 1869 por Karl-Maria Kertben y el libro Psychopathia Sexualis de Richard Freiherr von Krafft-Ebing popularizó el concepto en 1886). En los tiempos bíblicos no existía una comprensión elaborada de lo que actualmente entendemos por orientación sexual…(Este punto es importante para sopesar correctamente el texto de Pablo a los Romanos.)

• Toda la revelación bíblica apunta a centrarnos en el amor, sin exclusiones de ningún tipo y con predilección por los marginados, los proscriptos, los ninguneados, los postergados, los acusados…

• Si algunos textos del Antiguo Testamento parecen condenar la homosexualidad, en realidad lo que están rechazando, es, o la idolatría que tal práctica revelaba (se trataba de faltas contra la pureza ritual) o en todo caso, como en el caso de Sodoma, la falta de hospitalidad[2]. En Ezequiel 16:49-50 por ejemplo, “Sodoma” es acusada de soberbia, gula y de no socorrer al pobre y al indigente, es decir, no tiene nada que ver con un pecado “sexual”. Por otra parte, esos textos del Antiguo Testamento jamás se refieren a las lesbianas, solo hablan de los varones.

• Si algunos textos de las cartas apostólicas incluyen en sus listas de “pecado” a la homosexualidad, es solo para adaptarse a los códigos morales greco romanos, y en ese sentido recordar el pecado de idolatría que tales costumbres significaban, o condenar las prácticas de abuso, prepotencia, explotación sexual, sean estas hetero u homo sexuales, pero de ninguna manera expresan una condena a la homosexualidad como tal. Recordemos que no podían conocer la realidad de la “orientación homosexual”…

• Toda la revelación bíblica y con más razón, el Nuevo Testamento, no es un código de leyes morales. Citar textos aislados para condenar la homosexualidad es un fundamentalismo anacrónico incapaz de entender los textos en su lugar histórico particular, es usar algunos textos para justificar los propios prejuicios. Hacer de la Biblia un manual de moral sexual sería caer en el legalismo fundamentalista judío duramente criticado por Jesús, la Biblia es la revelación de un Dios que nos quiere ver libres, gozosos y felices y, que por eso, nos invita a enfrentar a todo el que oprime, discrimina, rechaza, expulsa, odia, segrega, separa. Nuestros criterios éticos superan absolutamente el legalismo.

Por tanto

Entendemos la homosexualidad como una manera distinta, diferente, diversa, de vivir la sexualidad y el amor, no como un “error”, una “desviación”, un “desorden” y menos como una enfermedad, un pecado o un delito. Desde hace 37 años la homosexualidad no se considera un trastorno psiquiátrico y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de la OMS (Organización Mundial de la Salud) la eliminó como trastorno mental el 17 de mayo 1990 por considerar, con criterios científicos, que no correspondía a una patología, sino que es parte de la diversidad del ser humano.

Las personas del mismo sexo pueden vivir la relación homosexual de manera, adulta, libre y responsable con las mismas posibilidades y las limitaciones que también tienen los heterosexuales. Nadie puede, y menos en nombre de Dios, afirmar que hay una sola manera correcta, legítima de vivir la sexualidad y el amor. La naturaleza, rica en multiplicidad, también nos enseña que la diversidad no atenta contra ella, sino que la embellece. Citar a la “ley natural” para oponerse a esta legislación es solo una posición fijista, dura, congelada, de la realidad pretendida como “natural”, sin entender los complejos procesos culturales.

Concluimos

Por todo esto es que entendemos que un legislador puede profesar profundamente su fe cristiana, católica o evangélica, y a la vez, con total libertad de conciencia, pensar, definir y actuar distinto a lo que proponen sus jerarquías eclesiales.

En la Iglesia católica, y entendemos que tampoco en las otras, se puede sostener un “pensamiento único”, debería haber un lugar especial para la diversidad y la pluralidad. Por otra parte, un legislador no legisla para ninguna comunidad religiosa, legisla para toda la ciudadanía.

No debería ofender ni molestar a nadie, por el contrario debería ser motivo de alegría que las personas del mismo sexo, que tradicionalmente han sido objeto de burlas, discriminaciones, condenas, estigmas, anatemas, prejuicios y obligadas a vivir en la clandestinidad u ocultando sus más profundos sentimientos, hoy puedan sentirse libres y amparadas por una ley de la Nación que les reconoce su derecho al amor y a la familia, no como una concesión de mala gana, sino como un derecho inalienable.


Notas

     [1] Rafael S. V. Rivera Licenciado en Filología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca "¿Que dice la Biblia sobre la homosexualidad?"

     [2] “Jesús consideró que el pecado de Sodoma fue atentar contra la hospitalidad: así lo demuestran las palabras de Jesús en Lucas 10:8-12 o en Mateo 10:5-15.” Rivera Rafael, O.cit.

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