En su serie Carne Incorruptible, el artista de performance Ron Athey continúa una obra de gran trayectoria que despliega el cuerpo como un sitio extático de devoción, contagio, deseo y dolor. Con ecos de la Pietà de Miguel Ángel y del San Sebastián cuidado por Santa Irene de Brugghen, la performance invita a una íntima “imposición de manos” sobre un cadáver viviente y suspendido que busca una apoteosis espiritual. Profundamente influenciada por el pentecostalismo, la obra de Athey encarna y pone en juego poder, espíritu y profecía en las intensidades rituales de la carne. Olivia Michiko Gagnon lee “Carne Incorruptible” como parte de una exploración más amplia de Athey sobre “el cuerpo HIV+ y biopolíticamente controlado, el cuerpo queer penetrado y el cuerpo enfermo abandonado”. “Ron Athey”, escribe Gagnon, “encuentra caminos carnales de transformación y resistencia a través de actos de herida, auto-flagelación y pasividad radical”. Presentada en el multimedio “Oscuridad Visible”, la exploración corporal de Athey en torno al sexo, la religión, el deseo y la administración de la vida, sirve como un fuerte punto de entrada a los temas y preguntas abordadas en este número de emisférica “Estados de devoción”. A partir del trabajo de un grupo internacional de investigación de varios años de duración [1], este número de emisférica dibuja un mapa de las complejas y cambiantes intersecciones entre religión y biopolítica, investigando las trayectorias convergentes entre religión, subjetividad y Estado en la estela de los regímenes liberales en las Américas. En una época en que los ciudadanos se han vuelto demasiado costosos para sus Estados, para usar el lúcido diagnóstico de Lauren Berlant, los marcos jurídicos y las políticas sociales se han dirigido cada vez más hacia regímenes de gubernamentalidad que buscan controlar y gestionar los cuerpos sin asumir responsabilidad por ellos. [2] “La expansión del modelo neoliberal y la retracción de las funciones proteccionistas del Estado”, escribe Joanna Jablonska-Bayro en este número, “han convertido la vulnerabilidad y la incertidumbre en un asunto privado de los ciudadanos”. Las espiritualidades que emergen de estas circunstancias, explica la autora, sirven para perpetuar los mismos regímenes que las han generado. Estas “espiritualidades neoliberales” prometen aliviar el vacío dejado por el Estado, produciendo sujetos auto-cuidados dentro de sistemas de vulnerabilización generalizada, sin hacer visible ni cuestionar las circunstancias sistémicas que crearon las condiciones de su emergencia. Lois Ann Lorentzen presenta un caso relacionado en su estudio sobre la devoción a la figura de Santa Muerte por parte de migrantes que cruzan la frontera entre México y los Estados Unidos. Lorentzen demuestra cómo la Iglesia Católica y el Estado (tanto el gobierno estadounidense como el mexicano) se oponen a la adoración de la Santa, tildándola como “enemiga” de la Iglesia y del Estado en sus intentos de disciplinar los cuerpos de los migrantes indocumentados para sus distintos fines. En contextos como estos, los discursos, prácticas e instituciones religiosas han adquirido nuevos modos de agenciamiento y están desempeñando nuevos roles para llenar el vacío dejado por un Estado en retirada recalibrado por el mercado. Las contribuciones a este número documentan el empoderamiento de actores religiosos a través de numerosos campos sociales en sociedades con diversas tradiciones religiosas y formaciones iglesia-estado en las Américas. Melissa Wilcox argumenta que si bien podríamos esperar que los mandatos del neoliberalismo hacia la privatización y la desregulación entraran en conflicto en el contexto de la religión y un estado ostensiblemente secular, lo que estamos viendo es que estos “en cambio, han colaborado para empoderar una tiranía cada vez más agresiva de la mayoría religiosa” en los Estados Unidos. En su contribución a este volumen, ella lee el arte-activismo de las “Hermanas de la Perpetua Indulgencia” —que aparecen en la portada— como un incisivo contrapunto a estas colusiones del neoliberalismo normativo. Desde otra perspectiva, Lori Beaman se enfoca en lo que ella llama la “espiritualidad confesional panóptica” de la “nueva normalidad”. Esta “nueva normalidad” imagina el espacio público como “post-secular” mientras que sigue asumiendo a la religión cristiana como una alfabetización obligatoria dentro del discurso público, produciendo una “ciudadanía obligatoriamente religiosa”. Beaman afirma que “la exención de lo religioso en este régimen se vuelve imposible” Nuevos actores religiosos recientemente empoderados, engarzados en la lógica neoliberal, pueden desafiar tanto la primacía de las religiones dominantes como la geopolítica del “equilibrio de poderes” espirituales tanto a nivel nacional como internacional. Manuel A. Vasquez argumenta que Brasil se ha convertido en “un nodo clave de innovación y producción religiosa, exportando bienes religiosos a Europa y los Estados Unidos”—incluyendo el pentecostalismo y el catolicismo carismático— “deshaciendo las ilusiones del paradigma de secularización, que predecía que la modernización conduciría eventualmente al agotamiento de la vía religiosa en la arena pública”. Su estudio de estas “religiones pneumáticas” traza una “emergente geopolítica del espíritu” que invierte las relaciones de poder centro-periferia. Pablo Semán, por su parte, estudia la amplia proliferación de libros de “autoayuda” y “autosuperación” como una literatura de masas espiritual para entender la relación entre consumo masivo y la producción de ideologías religiosas. Semán concluye que tales textos —usualmente publicitados y leídos fuera de las instituciones religiosas tradicionales— tienen la función última de permitir a los lectores la construcción de ideas y expectativas religiosas densas y sistemáticas. A través de un lente distinto, el artista del Bronx Nicolás Dumit Estévez investiga esta relación entre lo religioso y lo sagrado en dominios más amplios de pertenencia e identidad. Su obra Vuelto a nacer (2011), una performance en la que él es bautizado públicamente como un “bronxense” en el río Bronx, y Nocturnos, la obra en que él se interna en un monasterio en el Bronx por seis días para tomar parte en la adoración nocturna del Más Santísimo Sacramento, desafían la separación entre la devoción religiosa y modos extra-religiosos de pertenencia, y hacen visibles las raíces espirituales de la identidad. Mientras que el impacto de los desafíos religiosos puede observarse a lo largo del campo sociopolítico, en ningún sitio han sido tan centrales como en el ámbito de los derechos sexuales y reproductivos y particularmente alrededor de la cuestión del aborto. En el Chile de hoy, como Kemy Oyarzún argumenta, la oposición de la Iglesia a la despenalización del aborto ha mantenido el aborto firmemente en “el límite entre la naturaleza y la cultura, entre el desastre ostensible y las inmensas grietas de la inequidad entre las sexualidades y la ley”. La emergencia de apelaciones a exenciones religiosas y objeciones de conciencia, examinadas por Juan Marco Vaggione y Khiara M. Bridges en este número, han transformado el campo del activismo judicial en los Estados Unidos y también los debates y estrategias de incidencia política en América Latina. Estas estrategias han ganado terreno con las conquistas de los movimientos sociales en torno al tema del matrimonio igualitario y otros derechos sexuales en el hemisferio. Al mismo tiempo, las luchas por derechos reproductivos se han, o bien estancado o han sufrido retrocesos en la región. Este impase hace visible una política neoliberal de responsabilización en la cual el derecho al control privado del bienestar ofrecido por la institución del matrimonio se extiende a todos los ciudadanos pero la libertad sexual de las mujeres y su derecho a controlar sus propios cuerpos continúan siendo castigados. #PonerMickeytarme , del artista Mickey Negrón, trae estos conflictos sobre el control biopolítico de la carne a la plaza pública. Interrumpiendo una marcha el 2015 en San Juan, Puerto Rico organizada por grupos religiosos en contra de la implementación de un currículum de género en las escuelas públicas de la isla, Negrón interpela provocativamente a los manifestantes con sus sus caderas protésticamente exageradas mientras se baña el cuerpo con miel y plumas de gallina. La irrupción del cuerpo queer ritualizado de Negrón en la multitud de creyentes fervorosos dirige la atención hacia la naturaleza carnal de la política en juego y a las capacidades de desobediencia de los cuerpos bajo administración. Los ensayos, entrevistas y obras de arte incluidas en este número buscan visibilizar estos conflictos y sugerir un posible mapa, abierto y multidisciplinario, para el estudio crítico de la religión y la política en el hemisferio americano. 1 El trabajo del Equipo de Investigación sobre Religión y Política en las Américas (2010-2016) fue posible gracias a la generosa beca otorgada al Instituto Hemisférico por la Iniciativa sobre Religión en Asuntos Internacionales de la Fundación Henry Luce. 2 Lauren Berlant, "Austerity, Precarity, Awkwardness," Supervalent Thought (blog), 2011, sitio visitado el 17 de enero de 2017, PDF .

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