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Performatividad política en las Marchas de Orgullo LGBT

Porfirio Miguel Hernandez

Porfirio Miguel Hernández abordó las Marchas de Orgullo de la Ciudad de México en su dimensión performativa, analizando diversos aspectos de sus puestas en escena pública. Su propósito fue hablar de cómo “las personificaciones de los/as participantes ejemplifican ciertas discontinuidades en las identidades sexo-genéricas”.

En las Marchas de Orgullo, “el cuerpo, sus atributos y accesorios son los principales vehículos para la expresión performativa del género y la identidad sexual. A través del cuerpo se expresan las identidades sexo-genéricas asignadas o apropiadas por los sujetos.” En este sentido, Porfirio Miguel sugiere que el performance de la identidad en estas marchas varía de sujeto a sujeto, oscilando entre una celebración paródica del estereotipo y un rechazo del significante “gay” o “lésbico”.

Si bien algunos participantes adoptan entusiastas los códigos conductuales elaborados por sus propios grupos, las expresiones performativas de las identidades sexo-genéricas no necesariamente presentan una correspondencia entre formas estereotipadas de orientaciones sexuales y características genéricas socialmente designadas como “masculinas” o “femeninas” (“afeminados”, “machorras”, “los que van de normales”, etc.).” Así, existen “expresiones performativas sexo-genéricas que se presentan en formas híbridas que juegan con diferentes elementos de las identidades masculina y femenina, y que dejan al descubierto múltiples formas expresivas de la imaginería gay (mister gays con coronas de reinas; princesas con guantes de box; gays con trenzas, sombrero de charro y cananas; varones vestidos de novios/novias con smoking, velos y ramos de flores, etc.).

Tras un repaso de otros juegos performativos presentes en las marchas, Porfirio Miguel señaló que “algunas de estas expresiones se muestran cotidianamente en los estilos de vida de algunas personas LGBT, pero también se utilizan de manera exacerbada en las Marchas del Orgullo LGBT como vehículos de la disidencia sexo-genérica con propósitos vindicativos o simplemente lúdicos.”

La hiperbolización teatral de las identidades LGBT, concluyó Porfirio, es una estrategia política y lúdica que ha sido objeto de controversia entre los miembros de la misma comunidad LGBT. Algunos rechazan la “mala imagen” que supuestamente proyectan estas marchas, o bien señalan su progresiva comercialización. Porfirio entonces reflexionó acerca de la tendencia, por parte de algunos/as activistas LGBT, de considerar que las Marchas de Orgullo han perdido su cualidad política debido a su “excesiva y frívola” carnavalización.

La presentación de Porfirio Miguel detonó en los participantes de la mesa algunas preguntas: ¿qué protocolos performativos garantizan que un acto sea político? ¿por qué la teatralización sigue despertando sospecha de parte de algunos activistas? Antonio, por ejemplo, señaló que pensar lo político como “serio” y lo teatral como “frívolo” es encerrar a estas categorías dentro de un binomio de género donde lo político equivale a lo masculino y lo teatral a lo femenino. Quizás las Marchas de Orgullo LGBT ejercen una performatividad política en tanto que subvierten dichos encasillamientos conceptuales.

 

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