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Concepcion Leon

“¡Qué guapa, qué bárbara déjame tomarte una foto..!”

Concepción León habló de la investigación que realizó para la puesta en escena de Mestiza power, para la cual entrevistó a un grupo de mujeres mayas que trabajan como vendedoras en las plazas de Mérida, Yucatán. En esta ciudad, explicó Concepción, se les conoce como “mestizas” a las mujeres mayas que visten de huipil y rebozo. Sin embargo, algunas de ellas también visten de “catrinas” (mujeres de clase media), o combinan su atuendo tradicional con accesorios “modernos” como lentes oscuros y teléfonos celulares. Así, la investigación de la artista reveló una serie de códigos hibridizados de performatividad social que no contradicen la auto-identificación de estas mujeres con su etnia particular.

Concepción destacó la manera en que estas mujeres son un grupo social “invisible” para las clases sociales superiores, quienes sólo prestan atención cuando se presenta algún elemento “disonante” como el teléfono celular, “y entonces, todo el mundo dice: ¡qué horror, la transcultura ya nos alcanzó!”. Durante su investigación, buscó entrevistar justamente a estas mestizas que “botan a la mirada” por tener un aspecto que contradice al estereotipo folklórico. Una de ellas, por ejemplo, le llamó la atención por su uso de lentes Ray Ban, además de lo bromista de su personalidad. Concepción le hizo halagos en tono de chiste “qué guapa, le dije, qué bárbara déjame tomarte una foto; y entonces [ella] me dice que no traía puestos sus lentes por adorno, sino porque hace algunos años su marido le había dado un sillazo [golpe con una silla] en la cara y le había salido una catarata [por lo que la operaron], y el médico le dijo que de ninguna manera le debía dar el sol en los ojos”.

La entrevista reveló que, detrás de esta mujer bromista y orgullosa, había una vida doméstica muy violenta. Concepción decidió representar su historia en Mestiza power, actuando ella misma al personaje de esta mujer. La aparente negación de la sexualidad fue otro tema que intrigó a Concepción, quien durante las entrevistas con ésta y otras mujeres, notó una serie de palabras y expresiones usadas para referirse a lo sexual de manera eufemística. También en la manera de llevar el cuerpo hay actitudes que indican cierto pudor, por ejemplo, nunca mostrar el vello axilar porque se asocia con los genitales femeninos. Mencionó que las divisiones sexuales del trabajo se expresan en el mundo maya de maneras poéticas. “Hay un texto que dice: en el Mayab cuando nace un niño, la tierra se pone feliz porque tiene manos nuevas para que lo trabajen, pero cuando nace una niña, los pájaros lloran de melancolía”.

Aunque las entrevistas que realizó Concepción abordaron un mundo íntimo, las mestizas con las que habló estaban pasando por un momento político delicado. Según explicó, el ayuntamiento de Mérida “en ese momento consideró que esas mujeres entorpecían el tráfico, y ensuciaban el paisaje”, por lo que buscaron desplazarlas del centro de la ciudad construyendo un mercado en una zona periférica que ellas rechazaron. El predicamento de las mestizas se entiende mejor, dijo Concepción, si se considera que ellas se ven forzadas a abandonar sus pueblos de origen y mantener a sus hijos trabajando en la ciudad. Ellas no aceptaron perder el espacio donde vendían sus bienes, por lo que iniciaron una movilización de protesta pública. Por ejemplo, colgaron una fotografía en la entrada del mercado que mostraba a una muñeca ahorcada con un huipil con la leyenda “me muero de hambre porque a mi mamá no la dejan vender”.

En medio de este clima político, Concepción dijo que encontró resistencia entre algunas mujeres que sospechaban de sus intenciones como entrevistadora. Por ello, “tengo que aceptar que fui tramposa y fingí que mi grabadora reportera era mi teléfono celular”, para ocultar el hecho de que estaba registrando las entrevistas.

Poco a poco, Concepción se hizo de una muestra de entrevistas que relatan diversos aspectos de la vida de las mujeres mayas: “y así puede tener un panorama que me hablaba de su educación, de sus relaciones con sus hijos, con los animales, de su cariño muy particular por la naturaleza, de toda esta cuestión mística”. Pero no sólo eso, sino también sus graves problemas intradomésticos, así como la explotación que sufren a manos de las mujeres que las contratan como trabajadoras domésticas. En base a este panorama, Concepción tejió los relatos dentro de Mestiza power, y los intrerpretó junto con Laura Zubieta y Asunción Haas a partir de mayo del 2005 en Mérida.

Concluye: “yo desearía seguir viendo a las mestizas adueñarse del paisaje urbano de Mérida, desgajando su fruta y sonriendo, con esa picaresca mirada, regocijándome con su particular acento y redescubrirlas con artículos heredados por la modernidad, sin que esto se vuelva un evento, contando sus secretos sobre el aire y sobre las flores.”

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