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"Nunca las arañas mean ni los pericos maman..."

Mónica Mayer |

Mónica Mayer comenzó su intervención diciendo: “gracias por invitarme a esta mesa, pero me hicieron sufrir un montón” ya que, al leer en la invitación todos los términos teóricos, “estaba yo como aterrada, porque mi experiencia ante esto es práctica, no es teórica.” Sin embargo, explica que se puso a estudiar algunos textos de Performance Studies, y entonces ofreció su opinión crítica al respecto.

Su reflexión partió de dos dichos populares: “nunca las arañas mean ni los pericos maman” y “cada quién es muy dueño de hacer de su culo un papalote, y empinarlo con la reata que más le convenga”. Señaló que “entre estos dos dichos está lo que yo pienso. Bueno, como saben, las arañas no mean (orinan) ni los pericos maman, y esto se debe a que sus cuerpos se los impiden. Evidentemente, somos nuestro cuerpo y tampoco nos podemos alejar tanto de eso. Por otro lado, creo que en cuanto al debate sobre la ley, cada quién es muy dueño de hacer lo que quiere y uno puede ser heterosexual, homosexual, transgénero, etc.”

En lo referente a sexualidad y género, Mónica señala que son categorías que “pueden tener bases biológicas y culturales asumidas gustosamente o impuestas, son flexibles y cambiantes pero, para bien o para mal, nos sirven para conocernos a nosotras mismas y a las otras.” Pero, “si el género es performance, o sea, algo aprendido y por ende cambiable, y biológicamente no hay nada realmente característico de un sexo (y con los avances científicos cada vez será aun más fácil modificar el hardware con el que nacimos), ¿no deberíamos discutir a partir de un concepto de especificidad más que de uno de generalidad? Por ejemplo, en mi caso decir ‘yo soy mujer heterosexual, blanca, de la ciudad de México de cincuenta años de edad, etc.’”

Sin embargo, en cuanto al debate “eres o te haces”, afirma: “Yo no sé ustedes, pero yo soy cuerpo, sólo cuerpo; también lenguaje pues, pero a fin de cuentas proviene del cuerpo, no de dios, ni del alma, ni de nada esotérico. Hay cuerpo y hay lenguaje, lenguajes que nos permiten comunicarnos con otros cuerpos, y la verdad es que yo estoy bastante contenta con este cuerpo, lo que es más, me gusta ser mujer, me altera mucho que de repente me vengan a decir que es puro performance esto de ser mujer. Me maravilla menstruar cada luna llena y conste que, por más que he tratado de hacerlo performáticamente, ¡no lo he logrado! Me encantó estar embarazada, y me encantó parir, y ahora me divierten mucho los horrores que me hace pasar la menopausia y los cambios hormonales. Sí, sueno muy como ‘my body-myself’, pero no es casualidad, me formé en los setenta y en toda la época de recuperar el cuerpo y estar orgulloso de lo que una es”.

En referencia al tema de las Marchas de Orgullo, afirmó que son necesarias ya que “todavía no llegamos a esa etapa en la que ya no hace falta el estar orgulloso, pues fueron muchos años y muchas décadas y muchos milenios en que no estuvimos orgullosos de los que somos”.

Sobre los Performance Studies, estimó que éstos “pretenden analizar todo como representación, mientras que el performance art o el arte acción, que es al que yo me dedico, lo que pretende es alejarse de la representación. Como artista, me queda perfectamente claro que estoy siendo y no representando. Ambos tratan de borrar la línea entre la vida y el arte, pero los [teóricos] de los Performance Studies quieren que todo sea arte, y los que estamos de este lado de la barrera queremos que todo sea vida, que yo creo es diferente. Me parece esquizofrénico pensar que todo es representación, me da la sensación que viene de ese afán tan gringo y europeo de creer que todo se puede controlar, como cuando alguien entra a Internet y juega a ser otro, cuando uno no puede dejar de ser sino lo que una es con su cuerpo y con sus experiencias”.

“En términos del performance como arte, es inevitable que siempre haya una referencia al género y a la sexualidad, porque el artista está presente con su cuerpo con su genero con su edad y con cualquier otro aspecto de su identidad que quiera mostrar y que no pueda ocultar”. Así, Mónica señaló que en el travestismo, si bien el artista puede crearse un aspecto del sexo opuesto, el asunto cambia cuando se trata de la raza, misma que es imposible ocultar. Sin embargo, el performance juega con las categorías de identidad a partir del cuerpo, y eso es lo que parece interesante “y divertido” a Mónica.

Como ejemplos de artistas cuyos performances exploran maneras alternativas de ejercer la sexualidad, mencionó a Annie Sprinkle, De la Grace y Orlan. Sobre ésta última comentó que sus intervenciones quirúrgicas están orientadas a cuestionar las ideas normativas de la belleza femenina, y que ahora su imagen está cambiando incluso su aspecto racial. “Ella sí se está metiendo con la cuestión genética, y plantea convertirse en alguien que tiene la mitad blanca y la mitad negra, jugando con estas categorías”.

Mónica mencionó a Valentina de Saint-Point como precursora del performance feminista quien, en 1912 “se rebela en contra del manifiesto futurista de F.T. Marinetti que proponía ‘despreciar a la mujer’. de Saint Point escribe el Manifiesto de la Mujer Futurista en el que afirma: ‘Es absurdo dividir a la humanidad en hombres y mujeres. Sólo está compuesta de lo femenino y lo masculino’”.

Mónica terminó su intervención hablando del performance realizado por varones en México, como ejemplos de una nueva manera de abordar la sexualidad masculina. Destacó en primer lugar a César Martínez, quien realizó un performance [PerforMancena, 1996] con la figura de un hombre hecho de gelatina a partir del molde de su cuerpo, el que que compartió con el público en el marco de una acción que parodiaba la política neoliberal del estado Mexicano. Ese, señaló Mónica, fue un performance que combinaba la sexualidad masculina con lo político. Otros ejemplos que mencionó son Thomas Glassford, quien en un videoperformance se besa su propia boca reflejada en un espejo, y Marcos Kurtycz, quien realizó una serie sobre el recuerdo de su madre, asesinada en Polonia cuando él tenía 4 años. Rivelino Díaz hizo un performance sobre su papá en el que clavaba su corbata a una tabla, y Armando Sarignana hizo “un performance en el que se viste de novia y recorre el Zócalo [de la Ciudad de México] sobre el carrito de un recolector de basura”.

Mónica concluyó con una nota crítica sobre la tendencia a considerar que “todo es performático”, lo que amenaza con diluir la especifidad de las acciones artísticas. Se preguntó si las teorías del performance no son en el fondo “estrategias que pretenden igualarlo todo, como pasó ya con el multiculturalismo”, y si no producen la ilusión de que “podemos controlar y cambiar todo” según cada individuo lo desee. Tras advertir que quizás sonaría como “mexicana paranoica de las culturas extranjeras”, Mónica preguntó: “¿hasta dónde todas estas teorías no coinciden con movimientos económicos que buscan que seamos nomás gente consumista mientras que los demás se quedan sin nada?”

 

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