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¿Cómo debe montar a caballo una mujer indígena?

ANA cristina ramírez |

Ana Cristina Ramírez continuó con una presentación titulada “Eréndira a caballo: acoplamiento de cuerpos e historias en un relato de conquista y resistencia”, publicada íntegramente en este número de e-misférica.

Ramírez analizó distintas representaciones – literarias, pictóricas y cinematográficas – que han aparecido desde inicios del siglo XX en torno a Eréndira, mítica indígena purhépecha producto de la imaginación del político y escritor michoacano Eduardo Ruiz, en su obra Michoacán. Paisajes, tradiciones y leyendas (1900).

Eréndira es una mujer purhépecha que se enfrenta a los españoles montada a caballo, un mito que se difundió rápidamente, atrayendo la atención de artistas y figuras políticas como Lázaro Cárdenas del Río. Ana Cristina dijo estar interesada en los desfases que se producen entre la representación pictórica y el relato escrito, ya que “la narrativa plástica no puede omitir mostrar el acoplamiento corporal de jinete y caballo, algo que el relato escrito calla por completo”. En este caso, el jinete es mujer y es indígena, lo que causa un doble desfase si se toma en cuenta que en las representaciones de la conquista de México nunca aparecen los indígenas montados a caballo, ya que éste es más bien un vehículo de los conquistadores. Por otro lado, es rarísima la representación de mujeres indígenas enfrentadas a los españoles en el campo de batalla. Ana Cristina abordó las ambigüedades de la representación de Eréndira quien, en las diferentes imágenes, se ve enfrentada a o bien escapando de los conquistadores, montada a silla o “a pelo”, de lado o “a horcajadas”, con vestimenta escasa o abundante.

Ana Cristina expuso cómo el mito de Eréndira se difunde mediante el arte público de los murales y calendarios, y es apropiado por el impulso ideológico posrevolucionario del gobierno del estado de Michoacán con fines nacionalistas y didácticos.

Tras analizar las versiones literarias de Eréndira, Ana Cristina abordó, con ayuda de algunas imágenes que llevó a la mesa, las cualidades performativas que se despliegan en las representaciones murales de la heroína. En éstas, es inevitable la sorpresa ante la “imposibilidad plástica” de ver al cuerpo de una mujer indígena montado a caballo y, en ocasiones, blandiendo un arma. Ana Cristina sugirió que las representaciones visuales de Eréndira, sin guión escrito que marcara cómo debe montar a caballo una mujer indígena, han plasmado versiones notablemente contrapuestas de la misma escena: una aguerrida caballera acometiendo contra los conquistadores (mural de Juan O’Gorman, Biblioteca pública, Pátzcuaro, 1942) o una pudorosa dama escapando del peligro (mural de Roberto Cueva del Río en CREFAL, Pátzcuaro, 1943). Esta tensión es fruto de las interpretaciones nacionalistas sobre la imagen de una mujer a caballo, sobre cómo debió ser el acoplamiento corporal entre la mujer indígena y la bestia.