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Debate

Mesa redonda: Sexualidades y política aproximaciones performativas. Ciudad de México: 16 de Agosto de 2005.

Aunque el debate se presentó en dos secciones, una antes del intermedio y la otra al final de todas las presentaciones, aquí se presenta de manera conjunta.

Para empezar, Hortensia Moreno señaló como central a lo largo de la mesa redonda el tema de la justicia en relación con el cuerpo y la performatividad. Encontró un vínculo con el diseño de la mesa en lo que se refiere al abordaje de lo político. Dirigiéndose a Concepción, expresó que, a pesar de que las mestizas supuestamente niegan la sexualidad en su discurso, “en tu presentación todo el tiempo hablas de sexualidad” en particular cuando se refiere a lo que significa para ellas ser mujer en relación con su cuerpo.

En referencia a la intervención de Porfirio Miguel, Ana Cristina Ramírez recordó que “el filosofo francés Gilles Deleuze tuvo una opinión no favorable acerca de convertir el reconocimiento a otras preferencias sexuales en una demanda y salir a marchar por ello”. Junto con Foucault, Deleuze pensaba que no era necesario reclamar públicamente un reconocimiento jurídico del derecho a ser homosexual, sino que proponían “hacer huecos en la ley, o sea salirse del margen de estas líneas de estructuración legal y ejercer el deseo sin el reclamo de que este deseo sea reconocido”. Sin embargo, Ana Cristina se pregunta si, más allá de la crítica que pudieran tener Deleuze y Foucault, pudiéramos retomar el asunto de las marchas desde la perspectiva propuesta por Marisa en lo que se refiere a la producción de la realidad. “Me gustaría saber si las Marchas de Orgullo LGBT ya de entrada le rinden al marchista y sus familiares algún plus de realidad que no habría existido antes de marchar, es decir, si el hecho de marchar efectivamente ayuda a construir una realidad con una dimensión más ‘objetiva’ y personal, aunque no logre la gran transformación universal”.

Hortensia retomó el tema de la producción de la realidad señalando la imagen que evocó Antonio al inicio de la mesa, es decir, las míticas feministas que quemaron públicamente sus brasieres. “En su libro Backlash, Susan Faludi dice que nunca hubo tal quema de brasieres y que la manifestación es completamente imaginaria”. Hortensia señaló que la preocupación por los actos preformativos se debe a su poder de crear realidades, como dice Austin, hacer cosas mediante actos del habla, del gesto, y del vestuario. “Son actos que, como dice Searle, producen instituciones”.

El famoso ejemplo del bautizo como un acto de habla se puede aplicar, afirmó, al poder que tienen, en las Marchas de Orgullo, las pancartas y las canciones como marcadores lúdicos de identidad. En este sentido, Hortensia retomó la pregunta de Ana Cristina sobre la realidad que producen las marchas, y afirmó que “los actos preformativos tienen acción no sólo en el exterior [lo visible] o en el interior [lo subjetivo], sino que conducen a un cambio de estado que se reconoce completo cuando se funda una institución”. Así, el que una persona participe en la Marcha de Orgullo y declare “¡yo soy gay!” no lo “hace gay”. Sin embargo Hortensia señala que “la expresión produce una posibilidad de ser reconocido por otros” y, por lo tanto, una institucionalidad. “Esto nos conecta con lo que dijo Marisa sobre la legalidad, es decir que la ley sólo es reconocida porque tiene convencionalidad dentro de las instituciones, y éstas se manifiestan como actos performativos.”

Porfirio continuó la discusión sobre las marchas señalando: “Es muy importante el convertir la vergüenza en orgullo, es un paso trascendental. (...) El salir a la calle ya implica [asumir una] identidad, [...], puedo ver que hay otros como yo, [lo que permite] desestigmatizar y acabar con tu propia homofobia internalizada”.

Porfirio mencionó también las redes de solidaridad que se empiezan a formar con amigos y familiares de gays y lesbianas, lo que se manifiesta en las marchas con pancartas que declaran “mi tío es gay y lo amo”. Se puede ver en esto una “reeducación de las maneras de tratar la sexualidad”, por lo que las marchas y otras manifestaciones semejantes no sólo son importantes sino necesarias. Sobre el debate en torno a la supuesta disminución de lo político en las marchas, Porfirio preguntó “si la única forma de ejercer política es pertenecer a alguna asociación civil, y si las personas que marchan solas no puede decirse que hacen política”.

Marisa retomó el debate sobre los cuerpos marginados de la ley a la luz de lo expuesto hasta el momento, y preguntó ¿en qué sentido la performatividad del sujeto puede hacer que la ley vacile y abra por un instante sus puertas? Argumentó que la ley está construida por ficciones que se entretejen con las ficciones de los mismos sujetos que se le enfrentan, ya sea del “gay que se ve como gay, o la mestiza que se ve como mestiza”. Estas ficciones se hacen espectaculares mediante el acto performativo, y en este sentido Marisa invitó a revisar “el imprinting que nos dejó cada momento [de la mesa redonda]: podemos ver a Raquel enfrente del hospital – hay siempre una puerta y algo que se espera – o el gay que reclama sus derechos”.

Sobre lo que expuso Concepción, dijo “te sentí nostálgica, también crítica pero, hay una nostalgia interesante también ahí que tendremos que revisar, es decir, si en el fondo no tenemos una nostalgia de algo que se nos está perdiendo tanto en tu caso como en la marcha, el hospital, el campesino o los indígenas”. Marisa agregó que para ella es muy fuerte la imagen de las mestizas vendiendo clandestinamente con un portafolios, usando Ray Bans y teléfonos celulares, pero entonces “tú creyendo que las engañas con tu ‘celular’ que en realidad es una grabadora, pero que ellas saben que no es (risas), o sea, la entrevistadora que cree engañar”.

Antonio intervino entonces, señalando que la situación descrita por Marisa se manifiesta como “una performatividad mutua” entre los sujetos, por lo que en la mesa se han abordado “distintas formas de hablar sobre cuerpos politizados y sobre políticas incorporadas”, así como los efectos de la performatividad: superar la vergüenza, empoderar a indígenas, etc. Advierte que la performatividad no siempre es subversiva ya que “también puede ser una reiteración de ciertas normas, como dice Butler, la performatividad también es una institución que tenemos en el cuerpo y entonces ¿qué debemos hacer para realmente desfasar esas normas y convenciones, para abrir estos huecos que mencionabas Ana Cristina? O sea, no es tanto insertarse en la ley, sino cómo puedes hacer que titubee, como dice Marisa”.

Antonio advirtió, sin embargo, que “para salirse de la ley, quizá habría que vivir en otro planeta; no se puede salir del lenguaje tampoco, pero hay ciertas inestabilidades, y eso puede verse en estas mestizas que de pronto están subvirtiendo nuestras expectativas de lo que es una mujer maya (o) las chavas que se visten de hiper-hombres o de drag kings, allí hay juego, y también política”.

Hortensia señaló que existen algunos indicios que nos permiten ser optimistas en cuanto a la posibilidad de exigir justicia. “Nunca había sido tan presente la necesidad y posibilidad de justicia como ahora. Hace treinta años, asesinar a mujeres era completamente intrascendente, no se contabilizaba y no había quién lo denunciara. Creo que sí hay cambio, y que uno de los agentes que lo posibilitan, pensando en el arte como agencia, es precisamente este despliegue de la experiencia estética más allá de sus límites que es el performance”. Dio como ejemplo a Ema, “una artista que también es la trabajadora sexual o la mamá con su hija”.

Hortensia celebróque las artistas teoricen sobre su trabajo, como en el caso de Mónica, que “dice estar lejos de la teoría, pero [dirigiéndose a ella] lo que leíste es mucho más teórico de lo que crees, la reflexión de tu quehacer artístico es lo que permite que haya teoría”.

Mónica advirtió que el trabajo artístico de las mujeres sigue girando en torno al dolor y a la vejación, lo que demuestra que sigue habiendo mucho por hacer. No existen aún respuestas sobre cómo las mujeres pueden enfrentar ciertas prácticas institucionales como las que narraron Raquel, Concepción o Ema. “¿Cómo será el arte femenino cuando no tenga que partir del dolor, sino del descubrimiento? ¡Me da coraje que no cambien las cosas suficientemente rápido!”

Concepción retomó la pregunta de Marisa sobre “qué cuerpos pueden producir evidencias”. Describió una imagen publicada por la prensa amarillista de Yucatán, que muestra a una niña de 14 años embarazada, supuestamente violada por el presidente municipal y los policías. “Al poco tiempo, se descubre que la chica era prostituta y que hacía esto por dinero. Entonces, lo que hacen los medios es convertir a esta niña en una prostituta que merece toda la reprobación de la sociedad, se pasa por alto que de todas formas lo que sufre es estupro, ya que se trata de una menor de edad”. Concepción destacó la preocupante facilidad con la cual los medios masivos manipulan las imágenes de personas vulnerables como “evidencia” de su anormalidad o criminalidad.

Finalmente, Marisa intentó recapitular lo dicho en la mesa: para empezar, la dolorosa apertura de Raquel con su intervención acerca del aborto, el cáncer y su trabajo escénico, contrastado con el cierre de Ema y su discusión sobre el cuerpo gestante, así como la presencia de esta artista en la mesa cuidando a su bebé y alimentándola de pecho. Luego, estuvieron los abordajes de las marchas LGBT, las mujeres mestizas de Yucatán, el cuerpo performativo de Mónica Mayer y el mito de Eréndira. “Se me vino a la mente la imagen del exceso,” dijo Marisa, y continuó, “probablemente lo que el performance trata de hacer es producir el exceso, escenificarlo de manera espectacular y, después, recortarlo. Por ejemplo, todos los excesos del hospital hacia tu cuerpo, los excesos en el feminicidio, los excesos de la manipulación de Eréndira. El performance primero produce el exceso y el deseo, por ejemplo, el cuerpo de Ema en medio del deseo; el artista de performance ‘recorta’ ese exceso y lo recicla. La pregunta de Mónica lleva a reflexionar hasta dónde se puede reciclar el exceso del performance.

Por otro lado, Marisa preguntó: “¿Es posible llegar a un momento, como el que describe el texto de Ema, en el que seamos honestos y pedagógicos, podamos confiarnos los unos a los otros? En efecto, todo es construido, tus senos son una construcción, incluso tu manera de ocultar o desplegarlas. Ahora, el asunto es saber qué haces con esa construcción de forma espectacular y que pueda ser política y facilitar la agencia. Esa es otra pregunta que vamos a tener que seguir indagando”.