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Rondando la fiesta: los no-lugares y la religiosidad popular en Antofagasta, Chile

Abstract
Hanging around the Fiesta: Non-Places and Popular Religiosity in Antofagasta, Chile
In the coastal city known as Antofagasta—which was incorporated by Chile after the War of the Pacific in 1879—copper is exploited and exported. This element is the main economic sustenance of the country and has brought modernization to this industrial port. In order to procure its exportation, the streets of Antofagasta have been transformed into highways. The expansion of the old street “Salar del Carmen,” now known as Salvador Allende Avenue, caused the expropriation of many old houses and half of a public square; the “Olivar” main square, where for 30 years religious societies based in Antofagasta have celebrated “La Tirana Chica,” a festival of closure of the annual cycle of celebrations to Our Lady of Mt. Carmel (la Virgen del Carmen). “Rodando la Fiesta” tells the symbolic struggle of this square, a non-religious place, understood by the mining companies as a “non-place.” Faith and copper find a middle point between modernization and tradition.

Con el regreso de la democracia al país, en 1990 llegamos a Antofagasta[1]a hacer una nueva vida: mi padre había conseguido un trabajo en la minería del cobre en una pequeña empresa privada, mi madre un puesto en una escuela pública. Con mi hermana éramos pequeñas, apenas 12 y 7 años. Veníamos escalando por Chile desde Copiapó, distante unos 700 kilómetros más al sur. Nos internamos por el árido desierto de Atacama dejando atrás el verdor del sur. Llegamos de noche, nos impactó la cantidad de luces que se veían entrando en la ciudad. De día lucía asombroso; el puerto y su mar lleno de barcos de inmediato atraparon mi atención.

Luego de habitar en varias moradas, un día por fin fuimos a conocer la que es hoy “mi casa”; en ese entonces se ubicaba lejos del centro de la ciudad, en una Villa. Eran nueve casas pareadas, dispuestas en corridas de tres. Una de ellas era la elegida, estaba a medio construir, no tenía escalera ni baldosas, puertas ni ventanas; su incipiente estructura me parecía perfecta. Pronto estaría terminada y sólo pensaba que sus ventanas miraban la grandeza del mar.

Aquel día paseamos por el barrio, conocimos la población Salar del Carmen, dos cuadras más arriba de la casa su centro en la Plaza El Olivar, circundada en media luna por la Parroquia Nuestra Señora del Carmen. En su interior la humilde escultura de la Virgen del Carmen de Antofagasta más conocida como Carmela, Mamita o China. Más allá, la Junta de Vecinos, la Federación de Bailes Religiosos, la Asociación de Asesoras del Hogar, el Servicio Electoral, la panadería, el kiosco de juegos de azar, la carnicería, la botillería y la ferretería. Un espacio heterogéneo, todo estaba ahí, no necesitábamos nada más. Desde ese día he rondado la fiesta…

La Sobremodernidad[2]

El alza del precio de exportación del cobre ha dado paso a la expansión de esta ciudad industrial minera hacia el norte, casi llegando a La Portada,[3] en donde habitan muchas familias que—al igual que la mía—han venido en busca de trabajo que da el bendito metal rojo en estas infértiles tierras. Mi casa ya no es única: junto a las otras ocho, mi Villa pasó a ser un “modelo perfecto para su reproducción.” Ahora existen muchas villas iguales, esparcidas por toda la zona norte. La ubicación de mi casa hoy es cerca de todo, los años y la migración han hecho que esté en el centro y los de más allá son aquellos que están comenzando, como lo hicieron mis padres hace ya 17 años.

La ciudad y mi población han crecido, al otro costado de la plaza El Olivar se ubica implacable la calle Salar del Carmen, que, de acuerdo a su nombre, atraviesa dicho Salar, ubicado algunos kilómetros por detrás de los cerros, ya muy lejos de la ciudad, hasta llegar al mar.[4] Bajan y suben por ahí innumerables autos, buses, camiones y alguna que otra máquina extraña que se dirige a las mineras del interior de la región. La calle Salar del Carmen hoy es una avenida, se le ha llamado oficialmente Salvador Allende y es una de las tres entradas a la ciudad. El Gobierno ha decidido que debe ser una avenida segura ya que es un eje trascendental en vista de su alta demanda como único camino de carga pesada desde y hacia las mineras.[5]

Hace un año se está ampliando la avenida para tener cuatro pistas. Los trabajos de ampliación estuvieron a centímetros de derrumbar la Parroquia; se salvó la Virgen del Carmen –mi familia también se salvó- pero no un montón de vecinos que fueron expropiados. La avenida, con características de carretera, está en sus etapas finales de construcción. Las casas antiguas del sector fueron derrumbadas sin asco, y la Plaza El Olivar se redujo a la mitad; de plaza con barro, recovecos y antiguos árboles pasó a ser una pequeña plaza moderna de palmeras y cemento, completamente iluminada, con un espacio proyectado para el desarrollo de la fiesta. Por primera vez desde que vivo en el barrio he sentido el paso de la modernidad. A pesar de todo, no le hizo daño a la fiesta.

Parroquia Nuestra Señora del Carmen

La parroquia Nuestra Señora del Carmen ha conservado su estructura arquitectónica y también su organización en torno a las actividades antofagastinas para la fiesta de La Tirana.[6]

Pertenece al Arzobispado de Antofagasta y tiene en sus filas un asesor y un coordinador para el trabajo en conjunto entre Iglesia Católica y Federación de Bailes Religiosos. La federación fue fundada en 1957 y reúne actualmente a 57 Sociedades Religiosas de la ciudad, las cuales se dividen en tres Asociaciones cuyas sedes se ubican en distintos puntos de la zona norte.

El trabajo conjunto entre parroquia y federación es herencia del compromiso del Monseñor Carlos Oviedo Cavada quien llegó a Antofagasta en el año 1973, y permaneció en el lugar durante toda la dictadura hasta 1990, año en que fue trasladado por el Papa Juan Pablo II a Santiago. En Antofagasta y el norte de Chile, Oviedo encontró en las Sociedades Religiosas un nicho para la educación religiosa católica, González, refiriéndose a la Fiesta de La Tirana, afirma que la comprensión gradual de la religiosidad popular adquirida por los curas “ha permitido el acercamiento de los bailes al rito católico formal y a la autoridad eclesiástica” (González 2006: 7) lo que se refleja en el actual funcionamiento de la religiosidad popular antofagastina, que, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares, funciona de acuerdo con la institución de la iglesia Católica.

Historia de la Fiesta

Desde pequeña he observado la fiesta: siempre la he vivido como espectadora y, a lo largo de mi vida, la he visto desde distintas perspectivas. La fiesta de la Tirana Chica de Antofagasta es rito de cierre y apertura de un espacio circular de celebraciones en donde los Bailes Religiosos de Antofagasta veneran a la Virgen del Carmen. El clímax de esta fiesta es la visita al Templo Mariano de La Tirana en donde se encuentra la escultura principal de la Virgen del Carmen de la zona norte del país.

La fiesta de la Tirana Chica de Antofagasta representa la octava de la virgen y se celebra en la Plaza El Olivar desde hace más de treinta años, reuniendo a promesantes y bailarines de las Sociedades Religiosas antofagastinas que provienen, en su mayoría, de la industria del salitre. La historia de fines del siglo XIX nos cuenta que en estas estériles tierras se descubrió el salitre, fertilizante natural, altamente demandado en la época y exportado a nivel mundial. Esto llevó a que la zona se poblara de miles de obreros que vinieron con sus familias desde distintas partes del mundo para trabajar. Dichas familias se asentaron en campamentos industriales llamados Oficinas Salitreras, dando paso a una época de auge económico y lucha social, marcado por la cruda domesticación del desierto de Atacama. Esta vida de campamento, que se conoce como Tradición Pampina, estampó la historia del norte grande.

A comienzos del siglo XX, en Alemania se inventa el salitre sintético, provocando el quiebre de los capitales ingleses en estos alejados territorios productores del salitre natural. Esto provocó la emigración masiva de obreros de las oficinas salitreras: algunos se asentaron con sus familias en el puerto de Antofagasta –entre muchos otros lugares- reproduciendo aquí sus costumbres religiosas a través de la re-fundación de Sociedades Religiosas (Gálvez 2000). Esta tradición ha sido continuada no sólo por las nuevas generaciones nacidas en la ciudad sino también por muchas otras personas que han venido a trabajar el cobre, fundando nuevas Sociedades Religiosas con diversas influencias que se cristalizan al observar la fiesta.

Cada Sociedad Religiosa parte fundamentalmente de la familia desde donde se socializa al barrio y luego a la población, comprendiendo 80 poblaciones en torno al eje de la Avenida Salar del Carmen. Al respecto, Gijón afirma que la organización de las sociedades es de orden “territorial” puesto que las acciones parten desde el barrio a La Tirana, es decir, en dos niveles territoriales; desde el “origen” al “centro”:

Este orden territorial también se puede aplicar dentro de la ciudad, en donde cada sede [de una Sociedad Religiosa] se engalana para recibir en la calle a la imagen de la Virgen del carmen, convirtiendo el lugar en un altar público. Este hecho define el primer nivel territorial; origen. A su vez el templo [La Tirana] define el segundo nivel territorial; centro, en donde la suma de los altares populares, más las calles que reciben las procesiones y que convergen en el templo se unen cerrando finalmente el circulo, sacralizando el territorio a través del culto (Gijón 2000:6).

El primer nivel territorial se manifiesta cuando termina la Tirana Chica de Antofagasta. Así comienza inmediatamente la organización de la próxima fiesta: bingos y rifas de las Sociedades Religiosas inundan la población, todos los grupos se coordinan, juntando dinero para reparar sus trajes y hermosear la escultura de la Virgen del Carmen de Antofagasta. Nuevas mudanzas y cantos nacen para adorar a la China: bandas de bronce, géneros de colores, bordados y fe.

Transcurre el año; paralelamente todos en sus trabajos, carteros, matronas zapateros, jardineras, ferreteros, dueñas de casa, pirquineros y un mundo de gente, hacen una vida normal. Pero, bajo sus ropajes de cotidiano, el desdoblaje: cargan la fe a la China, a la cual día a día llevan en sus corazones y esperan con ansias el mes de Julio para llevarla al templo, pagarle sus mandas y redimir el ser; el viaje al centro, el segundo nivel territorial.

Julio, el mes del viaje

Está todo dispuesto, dineros reunidos, permisos laborales cursados, vestimentas planchadas, el cuerpo preparado para entregarse a la Virgen. Antes de partir, todos se congregan en la Parroquia Salar del Carmen y comienza la “Despedida del Pueblo”, todos de rodillas, bombos y platillos; parte el adiós. Durante tres días se le baila a la China Antofagastina que, con sus maletas a cuestas, se despide de su ciudad puerto-minera. Y el viaje se acerca. Llegan los buses que cada grupo ha arrendado, todas las familias preparadas con carpas, comida y mucho ánimo. Comienza el recorrido de la caravana que lleva en la delantera a la China de la parroquia antofagastina. Una Sociedad Religiosa la resguarda con celo, ha esperado años por tener ese honor; la China luce nuevos ropajes y en su cara una sonrisa, la misma de antaño. Siete horas de camino bajo el sol a través de la Pampa del Tamarugal y de pronto se avista el oasis de Pica, unos kilómetros más allá, La Tirana. Llega en majestad y gloria la virgen viajera, la Virgen del Carmen de Antofagasta y su séquito de Sociedades Religiosas a saludar a la bella y mística Virgen del Carmen de La Tirana, un encuentro de dos representaciones en el lugar exacto donde nace el mito de La Tirana.

El Mito Fundador

Dicen las historias que una fiera Ñusta Inca, apodada La Tirana, se enamoró de un soldado español. Su amor los unió en la muerte, condenados por los rivales; los españoles, por aquel imposible amor; los Incas, por someterse a la fe del soldado, el cristianismo, representado en la imagen de la Virgen del Carmen que Don Diego entregó a la Ñusta en muestra de su amor. La misma imagen que acarreaba don Pedro de Valdivia cuando fundó Santiago del Nuevo Extremo; la que Bernardo O`Higgins enalteció al lograr la independencia de Chile, terminada la Batalla de Maipú; la Carmela, Patrona de Chile, adorada a lo largo del país de diversas formas, y en especial en el pueblito de La Tirana, donde se reúnen los fieles de toda la primera y segunda región de Chile, territorios que antes de la Guerra del Pacífico de 1879 pertenecieron a Bolivia y Perú. Es ahí, en el pueblo de La Tirana -bajo su iglesia- donde, dicen, murieron ambos abrazados, esquivando las flechas indias y las balas españolas. Es ahí donde se erigió la fe por la Carmela y, desde allí, viajó misteriosamente por los blancos salares hasta el puerto de Antofagasta.

La fiesta en La Tirana ha comenzado: los visitantes de la China se acomodan y, tras varios días de actividades, el 16 de julio, Chile entero se detiene por su patrona; día en que los danzantes antofagastinos, y de otras muchas localidades, le bailan y cantan con mayor fervor.

La Tirana Chica

Terminada la fiesta en La Tirana, la Virgen del Carmen de Antofagasta con su caravana vuelve a su tierra, a su origen. Todos los antofagastinos devotos vuelven a sus hogares y la misión final se acerca. Cuando llegan los buses a Antofagasta, todos descansan algunos días y comienza la Fiesta de La Tirana Chica con tres días llenos de misas, música, baile y cansancio. Ha sido un largo mes, y un largo año. La Plaza El Olivar se prepara nuevamente para recibir a las Sociedades Religiosas: un sector está destinado al comercio, otro para el descanso de los pasantes, hay un escenario, y la China en la calle. Tiene en sus espaldas una imitación del frontis de la iglesia de La Tirana, representación del centro en el origen. Al tercer día, la China hace su procesión por la ciudad. En andas la pasean y todos le lloran, la saludan con sus pañuelos blancos al viento, le regalan billetes que cuelgan de su vestido café. Cada Sociedad Religiosa pasa frente a ella; algunos danzando, otros cantando se despiden. La procesión ha terminado. A las doce de la noche, la China entra a su hogar, su parroquia Salar del Carmen, para esperar que el próximo año sus fieles la lleven a La Tirana a renovar sus fuerzas.

El silencio después del último bronce queda en el oído persistente, y un respiro final exhala de los pulmones de los fieles. Algunos han terminado sus mandas y han echado a sus hijos al baile para mantener la tradición; a otros les falta cumplir algunos años más. Un leve sabor a fin se siente en las bocas secas. Es más el comienzo de una nueva etapa; la mente está de inmediato en la próxima fiesta.

La Plaza El Olivar ¿Lugar o No Lugar?

La antropología busca estudiar espacios distintos del propio; desde su nacimiento como disciplina en el contexto de la colonización y la exotización del otro, tiende a mirar en una relación asimétrica. Éste ha sido uno de sus grandes desafíos en términos científicos; no reducir a su objeto de estudio. Sin embargo, el tema del status de la Antropología como ciencia es parte de una larga discusión a la que aquí no haré referencia. Simplemente diré que su práctica ayuda a valorar otros mundos, alejándose de los lugares cercanos; busca otras formas, otras conductas para llegar a entender la propia cultura, para demostrar que no existe un único modelo de sociedad, sino muchos. Pero ¿qué ocurre cuando el lugar es cercano, propio? Como diría Augé, sentirse “turista de lo íntimo”. La plaza, aquella plaza de al lado de mi casa, que me vio jugar, pasear, pololear, fotografiar, de pronto se ha convertido ante mis ojos en un “lugar antropológico” con esa fiesta que siempre he vivido y que ahora una carretera a su costado amenaza ante la sociedad en convertir en un “no lugar”.

El lugar antropológico es identificatorio, relacional e histórico (Augé 1985:58). La plaza El Olivar es desde hace años un espacio ritual -como menciona Augé, de “sacralidad alternativa”- en donde se concentra la actividad ritual en fechas fijas, y donde el resto del tiempo -citando a Durkheim- se entrega acción a la memoria y su vinculación con el lugar, para reforzar su carácter sagrado en un trabajo retrospectivo de la memoria individual. La acción de simbolizar un espacio incluye al cuerpo, al hombre como parte del lugar; las Sociedades Religiosas antofagastinas deambulan por la plaza El Olivar tal vez de cotidiano, tal vez por mandas. De la forma en que sea se entregan a este espacio común y corriente un valor antropológico que contiene la identidad religiosa popular local caracterizada por la trashumancia al centro, en donde la plaza representa el Origen, el arraigo territorial a esta ciudad de servicios industriales plagada de población flotante.

¿Qué creemos los que habitamos aquí? ¿Fue la fiesta de La Tirana Chica la principal razón para evitar la completa destrucción de la Plaza el Olivar? ¿Fue la iglesia quien lo impidió? ¡Es gracias a la Virgen que quedó la mitad de la plaza! Esta plaza simplemente no fue considerada un lugar; la fiesta, a ojos forasteros, no existe. La plaza en una plaza, un espacio público, según Augé una “superficie no simbolizada del planeta”; un no- lugar producto de la sobremodernidad.

El no- lugar es el espacio donde uno no se queda, es un espacio de todos los que quieran; sus ocupantes son anónimos y pasajeros, se utiliza sólo lo necesario. Es un espacio que no tiene historia ni relación entre las personas, es decir, no se trata de lugares antropológicos caracterizados por tener una identidad. Los no- lugares son producto de la sobremodernidad. La plaza de mi población es –de seguro- para la gran minería de Chile un no- lugar, una plaza de paso, sin importancia, un espacio que debe aprovecharse para la modernidad, para una carretera que transportará los millones de pesos que produce la explotación de un producto no renovable.

Quizás el gobierno y las mineras no tengan idea de que en julio la plaza tiene múltiples sentidos; que es apropiada por la comunidad para sus ritos, que pasa a ser un lugar de reunión poblacional en torno a la fe, que es un lugar que representa origen de fe antofagastina. Quizás no sepan que los otros meses del año la plaza sirve para que las bandas de bronce ensayen sus canciones y los bailarines practiquen sus mudanzas. Y, lo más triste de todo, es que quizás no sepan que la mayoría de las personas que participan de la fiesta de La Tirana Chica son quienes durante la mañana extraen el cobre de las grandes mineras con sus manos bajo el quemante sol del trópico de capricornio, y por la tarde están ahí en la plaza bailándole a la China, mientras los camiones bajan por Salvador Allende –Ex Salar del Carmen- con el metal procesado, levantando polvo frente a sus ojos.

El significado de la plaza como lugar está en manos de los procesos históricos; la Fiesta de La Tirana Chica valida a la Plaza El Olivar como un lugar antropológico que debe ser resguardado. Sin embargo, ya fue extirpada su mitad, su estructura original. Tal vez, para las Sociedades Religiosas la modernización de la plaza marque una división, un antes y después de la remodelación dentro de la continuidad de la fiesta. De todas formas, este lugar antropológico marca el origen territorial de una practica cultural fundamental de la sociedad minera moderna antofagastina en pujante desarrollo regional, que es tan importante como su centro La Tirana, ya que son lugares sagrados, son ejes de la movilidad de la Virgen del Carmen de Antofagasta. La sacralización de territorios extensos, tal vez rutas desérticas, pampas, denota la importancia de esta pequeña e insignificante plaza; la plaza El Olivar es un lugar que alberga -a pesar de lo ocurrido- a muchos fieles que, año tras año, manifiestan sus costumbres religiosas, y también a muchos otros, como yo, que de cerca rondan la fiesta.


Katherine Fritis Lattus holds a Diploma in Anthropology from the Bolivariana University of Chile. She has lived most of her life in the city of Antofagasta, in the north of Chile, where she is completing her thesis on religious dances. Her research is focused on the identity of this industrial city where people find their roots in popular religiosity, especially the annual pilgrimage to the religious center La Tirana, shrine of the Protector of Chile, the Virgin of Mt. Carmel.


Notas

 [1] Capital de la II Región de Chile, anexada en el año 1879 luego de la Guerra del Pacífico, en la cual Bolivia perdió 120.000 kilómetros con recursos de guano, salitre y cobre repartido entre la puna y el litoral, hito que cerró la salida al mar al vecino país.

 [2] Sobremodernidad” es un concepto que propone Marc Augé para re-pensar el ejercicio antropológico en las sociedades modernas, es decir, observar los fenómenos sociales considerando la figura del exceso, de tiempo, espacio y ego como categorías de análisis.

 [3] La Portada es una formación rocosa producto de la erosión marina cuya imagen es característica de Antofagasta. Fue declarada Monumento Natural de Chile en el año 1990.

 [4] En el Salar del Carmen se ubicaba hacia 1872 la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta con capitales de la Compañía Melbourne y Clark. Este ferrocarril fue el comienzo para el actual Ferrocarril Antofagasta-Bolivia (Panades 1979:104).

 [5] En el marco de las Obras Bicentenario se realiza el proyecto “Mejoramiento de la Avenida Salvador Allende” cuyo objetivo es conectar la ciudad-puerto de Antofagasta con la Ruta 5 Norte y así dar circulación expedita al cobre. Para conocer los proyectos Bicentenario de la segunda región, visitar: Gobierno de Chile, Obras Bicentenario: http://www.obrasbicentenario.cl/proyectos/seg_region_antofa.htm consultado enero 2006; http://www.mapas.mop.cl/website/bicentenario02/viewer.htm consultado enero 2006.

 [6] Durante el mes de julio en el pueblo de La Tirana se celebra la Fiesta de La Tirana a la que acuden más de 30.000 personas que peregrinan desde distintas partes de la zona norte de Chile y de Bolivia, entre ellas, desde la ciudad de Antofagasta, para venerar a la Virgen del Carmen de La Tirana. El pueblo de La Tirana se ubica en la comuna de Pozo al Monte, Provincia de Iquique, Región de Tarapacá, Chile. Hospeda a 818 habitantes en una superficie de 5,13 kilómetros cuadrados de acuerdo al censo 2002 y es considerada por el estado como Centro Turístico de importancia (INE, 2005: 21).


Obras Citadas

Auge, Marc. “Los no lugares. Espacios del anonimato. Una Antropología de la Sobremodernidad”. Editorial Gedisa. 1985.

Gálvez, Alyshia. “More than Minerals from the Mines: Religious Confraternities and How Nineteenth-Century Northern Chilean Workers Produced Modernity”. Tesis para optar al grado de Master of Arts de la School of Arts and Science, Department of Anthropology, New York University. 2000.

Gijón Campos, Orlando. “Centro de Culto: un Altar Urbano para los Bailes Religiosos de Antofagasta”. Tesis para optar al título profesional de Arquitecto. Antofagasta, Chile. Universidad Católica del Norte, 2001.

González Miranda, Sergio. “La presencia indígena en el enclave salitrero de Tarapacá: una reflexión en torno a la fiesta de La Tirana”. Revista de Antropología Chungará [en línea], Junio 2006, Volumen 38, Nº1, Páginas 35-49, 2006. http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-73562006000100005&script=sci_arttext

Instituto Nacional de Estadísticas. “Chile: Ciudades, Pueblos, Aldeas y Caseríos”. Santiago, Chile, INE, 2005.

Panades, Juan, Floreal, Recabarren, Oblinovic, Antonio, Calderón, Alfonso. “Antofagasta: una historia en imágenes”. Universidad de Chile, sede Antofagasta. Editorial Universitaria. Chile. 1979.

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