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El siluetazo de Ana Longoni y Gustavo Bruzzone (eds.)

Ana Longoni y Gustavo Bruzzone, eds. El siluetazo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2008. 510 páginas; $35.68 papel.

A lo largo de nuestra historia, y ante episodios sociales marcados por la violencia y el miedo, los argentinos hemos desarrollado prácticas artístico-políticas para poder expresar nuestros reclamos. En este contexto, surgió El siluetazo, una iniciativa propuesta por tres artistas visuales: Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel, con el apoyo de Madres de Plaza de Mayo. El inicio de esta práctica puede situarse durante la Tercera Marcha de la Resistencia convocada el 21 de septiembre de 1983, que se repitió en dos jornadas más desarrolladas en diciembre de 1983 y marzo de 1984, período final de la dictadura militar que se iniciara diez años antes. Con el objetivo de reclamar la aparición de los detenidos políticos, se convocó al público a la Plaza de Mayo para realizar treinta mil siluetas de figuras humanas de tamaño natural que representaran a los treinta mil desaparecidos, “como símbolo de su presencia y permanencia en la conciencia del pueblo argentino”. (70)

Veinte años después, ya en el 2003, la revista ramona organizó un homenaje a esta práctica, del cual surgió el motivo de este libro, en un intento por lograr un registro documental polifónico del acontecimiento. Reuniendo diferentes versiones y lecturas de El siluetazo, y apuntando a la construcción de “una memoria múltiple (y conflictiva) de lo acontecido” (11), Ana Longoni y Gustavo Bruzzone organizan el material en tres secciones, comenzando por un conjunto de documentos que examinan las condiciones de producción de El siluetazo y las opiniones de sus creadores. Este apartado documental, el cual abre con la propuesta de la performance que los artistas presentaron a las Madres, y continúa con testimonios vivenciales de lo acontecido, nos permite trazar una línea que va desde la prehistoria de la performance hasta las reformulaciones que fue sufriendo el proyecto original una vez que estuvo en manos del público. En la segunda parte, se reúnen estudios críticos transdiciplinarios que plantean, desde diferentes miradas, una revisión de la fuerza simbólica de la silueta así como la polémica acerca de la relación entre esta práctica y el arte moderno, y la política. Muchas de estas investigaciones fueron escritas específicamente para la convocatoria realizada por la revista ramona y representan distintas lecturas de El siluetazo en cuanto a su impacto, modo de producción, simbolización y representación del reclamo. Finalmente, en el tercer apartado, El legado del Siluetazo, los compiladores nos incitan a preguntarnos “¿en qué medida se puede reconocer un legado vivo de las siluetas en las prácticas artísticas de intervención callejera recientes?” (17). Se trata entonces de la búsqueda del ejercicio de las memorias performativas que ponen en relación la práctica de la silueta con acontecimientos artísticos y políticos ocurridos con posterioridad, como por ejemplo, los escraches realizados por la agrupación H.I.J.O.S. a las casas de ex represores que actuaron durante la última dictadura. De esta manera, podemos acceder a las identificaciones y extensiones del símbolo, el cual se reactualiza en otros crímenes, injusticias o ausencias.

Un extenso soporte visual, basado en fotografías y obras de arte que documentan la práctica y su impacto, se despliega a lo largo del libro imponiendo su fuerza a los debates teórico-críticos. Las imágenes nos ayudan a situarnos en la performance y en el momento histórico referido, aportando un testimonio que da cuenta de la magnitud y la fuerza del símbolo de la silueta. Como lectores, nos sentimos interpelados, observados por el registro de esas siluetas. En tanto gesto político, las siluetas funcionan como forma de representación de un vacío que nos hace pensar en lo ausente, a la vez que evidencian “eso” que la opinión pública elegía ignorar. El libro cubre todos los aspectos de El siluetazo, desde su origen hasta su herencia, y pone de manifiesto la confluencia entre una iniciativa artística, la demanda social y la necesidad de “poner el cuerpo” en el reclamo.


Celina Fassi Cardoso es estudiante de la carrera Licenciatura en Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente se encuentra realizando su tesis de grado acerca de la presencia de la cultura popular en la literatura argentina de fines de siglo XX y principios de siglo XXI. Es miembro del equipo de investigación “Re/presentaciones de otredades, experimentaciones estéticas y cambios en el sistema literario argentino contemporáneo (desde 1940 al presente)” y profesora del proyecto “Enseñá por Argentina”, que integra la red mundial Teach for All.

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