Camilo Restrepo, Esto es una pipa, 2009
Camilo Restrepo, Esto es una pipa, 2009

Los Mártires

Desde hace tres décadas Colombia se ha convertido en un país amenazado por las fuerzas ilegales de cualquier ideología que han confrontado con éxito al Estado gracias al financiamiento que les otorgan las drogas. El beneficio que las grandes multinacionales y el sistema financiero obtienen de cada uno de los aspectos del virus de la droga es amplio y comprende desde el lavado de activos, el tráfico de químicos y defoliantes, armas y el financiamiento de operaciones militares encubiertas.

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Braian Cadena, Vecinos invisibles, 2009

A pesar que la prohibición a las drogas está siempre presente en los debates políticos, la adicción, un problema de salud pública y una de las expresiones más crudas del modo de operar del capitalismo y la sociedad de consumo, ha sido poco entendido y afrontado. En el esquema de identificación de nuestra juventud marginada con la indolencia mafiosa, con el sicario, el miliciano o el combatiente, queda por fuera la figura rabiosa del indigente, del enfermo de las drogas. Hoy en día en las ciudades colombianas viven miles de nómadas, “ñeros”, “chirris”, “chirretes”, jóvenes que han caído en la enfermedad de la droga, invisibles que no figuran en los programas de erradicación de cultivos, que no obtienen prebendas ni rebajas de penas, que no se les ofrece ayuda para desmovilizarse o reinsertarse. El enfermo del bazuco inutilizado física y mentalmente––de ahí el término desechable––ocupa una existencia no productiva para el sistema de acumulación capitalista, aunque exista solo para mantener el fármaco que le envenena. En un país en que la salud se ha privatizado queda excluido de casi cualquier atención médica y de las posibilidades de tratar su enfermedad. Sus posibilidades de cura se reducen a la ayuda que les brindan unas pocas asociaciones, especialmente de ex habitantes de la calle quienes con precarios medios dan una mano a los mártires de la droga. ¿Quién reclama hoy por estas victimas por las que supuestamente se pelea esta guerra? Y quién las representa¿ Pues, como ha sucedido con la cruzada anti-subversiva en las ultimas dos décadas, han sido los desplazados y las victimas quienes deben pagar el precio de los crímenes cometidos por sus victimarios.

Habitantes de la calle

Las ciudades colombianas tienen una larga historia de niños que huyen de sus casas para vivir en la calle. El tema está presente en la literatura y la caricatura desde inicios del Siglo XX[1] y aparece en la fotografía en el "Entierro de un colega" publicada por la Revista Ilustrada en 1900, en las fotografías de viajeros europeos como Ernst Rothlisberger,[2] Erwin Schottlaender[3] y en las gráficas de Luis B. Ramos[4] dando cuenta de un modo de vida enraizado en las costumbres ciudadanas.

En la segunda mitad del siglo XX el tema continua haciéndose presente en las obras de un caricaturista como Merino y en uno de los pocos personajes de tiras cómicas creados en el país, Copetín. Pero no será hasta los años 70 con la urbanización masiva de las ciudades colombianas y la inversión del llamado 70/30 cuando la imagen del gamín, del niño de la calle, se impone como uno de los íconos más problemáticos y explotados. Las películas El cruce (1969), Gamín (1973), la homónima Gamín (1978) de Durán, las fotografías de Alfonso Angel, Jorge Silva[5] y Félix Tisnes[6] no se alejan demasiado del callejón sin salida de la miseria y la omnipresente violencia que Luis Buñuel había ya mostrado dos décadas antes en Los Olvidados (1950).

El interés por la imagen de denuncia y testimonial, por la tragedia del gamín desaparece en la siguiente década tanto en el cine como en la fotografía y en las artes visuales, coincidiendo con el aumento del uso de las drogas en la juventud colombiana y el auge del bazuco––extracto de la hoja de coca mezclado con agua, ácido sulfúrico, gasolina o agua de batería, amoniaco, kerosén, éter, permanganato de potasio o soda cáustica––que se esparcirá como plaga en la juventud urbana a inicios de los 80, dando lugar a un mundo de lo clandestino, lo invisible, lo negado y a la aparición de una nueva enfermedad y su brutal sintomatología de daños pulmonares, cutáneos y hepáticos, atrofia cerebral, psicosis y esquizofrenia. El ascenso en el consumo y la degradación humana coincide con el aumento de las riquezas de los grandes capos de las drogas que llegarán a dominar la vida política colombiana, desde los gobiernos de Barco y Gaviria hasta alcanzar su cenit en el gobierno Uribe, siguiendo la predicción del desaparecido Jaime Garzón quien en 1993 declaraba,

Los narcotraficantes son una lumpen burguesía que se ha ido incrustando en el esquema social que tenemos […] han tenido cada vez mas poder y mas poder y van a terminar instaurando en 10 o 15 años un régimen de ellos, es decir, en 10 o 15 años los Rodríguez Gacha serán los Rodríguez Gucci.[7]

Adicionalmente esta lumpen burguesía amplificó en Colombia el espacio del terror heredado de las prácticas de pájaros y chulavitas dirigido hacia el sometimiento y exterminio de las fuerzas políticas de oposición ––como es el caso de la UP (Unión Patriótica)–– y los movimientos campesinos a través de la intimidación, el asesinato selectivo y las terribles y hasta hoy impunes masacres paramilitares.

Superpuesta, la destrucción química y moral de la juventud pues,

[…] en Colombia, la hegemonía de la cultura del narcotráfico, que ha tenido una influencia expansiva sobre la sociedad, neutralizó o asimiló nacientes formas de expresión contraculturales de la juventud y estandarizó en diversos sectores lenguajes, prácticas y creencias que, a pesar de que presentan una cara moderna, como la ilusión del consumo, nos llevan más al pasado que al futuro, más a lo rural que a lo urbano y más al mundo adulto que al juvenil.[8]

Desde el arte

La indigencia y la enfermedad de la droga han sido poco tratados en las artes en Colombia en contraste a la multiplicidad de respuestas que problemas como la corrupción política, las organizaciones mafiosas, la legalización, la erradicación de cultivos y las fumigaciones aéreas han tenido. En el periodo 2002- 2005 Jaime Ávila decidió hacer una serie fotográfica titulada La vida es una pasarela, sobre los habitantes de la calle adictos al “susto”, desoladores retratos frontales de indigentes iluminados en algunos puntos por un sistema de luces eléctricas que logran entreverse a través de agujeros en el papel fotográfico.

Para Natalia Gutiérrez:

[…] la obra de Ávila no se trata de un carnaval o de pandillas juveniles que irrumpen en el espacio publico para hacer valer, de alguna manera, sus derechos, como hemos visto repetidamente en las películas, sino que se trata de individuos solitarios que desfilan separados unos de otros, con su individualidad excitada, que juegan a integrarse en un momento de performance.[9]

Para el mismo Ávila, “la indigencia es una cosa urbana siniestra; es el coro satánico del himno nacional; el cóndor se vuelve buitre, la abundancia se vuelve cocaína, la Gloria se vuelve putrefacción, el honor se vuelve asesinato”.[10]

En el 2009 Braian Cadena realizó entrevistas en video y retratos en cucharas con ácidos de grabado de los indigentes bogotanos titulados Vecinos invisibles. Según el artista,

[...] para la mayor parte de la gente, los habitantes de la calle son solo otra parte del paisaje de la ciudad, como los coches, los árboles, los edificios, los bolardos, el piso o más claro aún ese polvo o esa mugre que contamina la ciudad. Tal vez por eso se piense que ellos son los más cercanos a esas facultades dadas por el polvo.[11]

A Cadena le interesa nuestra indiferencia e indolencia y reconoce a sujetos que han perdido de manera parcial su identificación como personas. Tanto La vida es una pasarela como Vecinos invisibles llevan a preguntarse: ¿Qué tradición de exclusión familiar y social une al “chino de la calle” de inicios del siglo XX, al gamín y al ñerito de hoy? ¿Qué anhelo de libertad se cruza y se transforma en una condición de esclavitud física y psicológica? Qué lleva al sujeto a la auto inmolación? Qué nuevo tipo de mártir es el adicto a las drogas?

En el año 2008 Camilo Restrepo empezó a recolectar y a fotografiar en Medellín las pipas hechizas que los adictos usan. Según Restrepo:

Durante varios meses recolecté en tres de las mas grandes “ollas” de Medellín alrededor de un centenar de pipas utilizadas para fumar bazuco: pipas construidas con objetos disímiles que fueron fabricados para realizar funciones que nada tienen que ver con el acto de fumar: lapiceros, marcadores, jeringas, ampolletas, tubos de PVC, pequeños contenedores plásticos, cauchos, bolsas, etc…; pipas de diferentes estilos y tamaños que elaboran los mismos drogadictos o que compran en las “ollas” y las que el uso y el abuso han terminado por personalizar y diferenciar aun mas.[12]

Photo: Credit.
Camilo Restrepo, Esto es una pipa, 2009

La serie titulada Esto es una pipa, hace explicita referencia a la obra de Magritte La traición de las imágenes (esto no es una pipa) de 1928/29 y al ensayo que a ella dedicara Michel Foucault en el que señala relaciones entre imágenes, palabras y objetos. Las imágenes de Restrepo despiertan interrogantes sobre usos, funciones, artificialidad, drama, tragedia y belleza e indican quizá que el problema de las drogas ––legales e ilegales–– más allá de los esquemas prohibicionistas ha sido poco entendido. El dependiente hace implosión en el agujero negro de la adicción pero a la vez es una subjetividad que no se deja alcanzar, un piloto de prueba de experiencias inéditas que habita una realidad paralela. Y de nuevo surge la pregunta: ¿Qué colectividad, qué deseos y qué fuerzas representa?

En Droga, psicosis e institución Felix Guattari afirma:

Frecuentemente son los mejores los que llegan a los resultados mas catastróficos por causa de un rechazo tenaz, de una voluntad de afirmación a cualquier precio. No son los que más deben a la sociedad, a la vida, al habla, pero si aquellos que chocan mas violentamente contra los obstáculos […] Son los portadores de las problemáticas más intensas y los que mas deberían hacer pensar a la sociedad, a los poderes públicos, a la clase política.[13]

Baudrillard afirma:

Cuando se produce una pérdida colectiva de las defensas inmunitarias o una pérdida individual de las defensas simbólicas, algunas sociedades se vuelven vulnerables al terrorismo, a la droga, a la violencia […] Al mismo tiempo podemos considerar el consumo de drogas bajo otro aspecto, exactamente inverso: a la vez que forma parte del síndrome de inmunodeficiencia, constituye él mismo una defensa. Las hay sin duda mejores, pero no es imposible pensar que este uso y este abuso constituyan una reacción vital, simbólica, aunque en apariencia desesperada y suicida, contra algo todavía peor.[14]

Mas allá de estos hechos queda la sospecha, señalada por William Burroughs en Ghost of chance y Philip K. Dick en A Scanner Darkly, que el problema de salud pública de las drogas sea un oscuro método de control social, una manera de criminalizar, aislar y psicotizar a los individuos y a la sociedad. Así como las diferentes pandemias y gripas globales despiertan dudas sobre la manipulación que las grandes compañías farmacéuticas hacen sobre remedios y enfermedades, existen variados interrogantes sobre el papel que juegan los poderes establecidos en esta Guerra química, como la permisividad ante las drogas duras de la policía tanto en la España post franquista como en las comunidades negras en los Estados Unidos en los 80. Como notara el mismo Burroughs en la pirámide de la droga, “cada nivel devora al de abajo hasta el punto más alto ó los puntos más altos; porque hay muchas pirámides de la droga alimentándose de las gentes del mundo y todas construidas sobre el principio básico del monopolio.”[15]

En la encrucijada que a veces parece un camino sin salida de la Guerra a las drogas, Colombia se debate entre “la fumigación permanente, la cooperación elusiva, la legalización imposible, la militarización recurrente”[16] y el rentable panóptico de paranoia y destrucción construido alrededor de la adicción. Hoy las preguntas son mas interesantes que las respuestas y debemos reconocer de muchas maneras a los indigentes, ya que como señala el mismo Guattari, “los cuadros de droga ––que en realidad son raros estadísticamente–– apenas son ilustraciones extremas de problemas que en realidad existen en todas partes. Somos todos drogadictos, la diferencia está simplemente en que no somos drogadictos hasta ese punto o bajo esa misma forma.”[17]


Santiago Rueda es historiador, curador independiente e investigador de arte. Realizó estudios de arte en la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad de Westminster (Inglaterra). Merecedor de la distinción Doctor Cum Laude en Historia, Teoría y Crítica de la Universidad de Barcelona (España) con el trabajo “La fotografía en Colombia en la década de 1970.” Autor de los libros Hiper/Neo/Ultra/Post: Miguel Ángel Rojas: 30 años de arte en Colombia (2005) y Una línea de polvo: arte y drogas en Colombia (2008), actualmente es curador de diferentes programas de arte emergente en Colombia.


Notas

[1] “El Chino de Bogotá.” En AA VV Museo de cuadros de costumbres II. http://www.lablaa.org/blaavirtual/letra-c/cosii/cosii21.htm. Consultado en mayo, 2005.

[2] Hará unas gráficas en su libro El Dorado.

[3]Publicadas en Cromos en 1935.

[4] Muñoz V, Cecilia y Pachón C, Ximena. 1990. “Los chinos bogotanos a comienzos del siglo (1900-1930)”. . Bogotá: Edición 12.

[5]Gráficas suyas tomadas entre 1970 y 1974 tratan el tema. En 1973 Silva realiza una investigación sobre los albergues del ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar), donde estos niños eran recibidos.

[6] Tisenes, Félix. 1981. Fotografía Contemporánea 12/II: 22-26.

[7] http://www.youtube.com/watch?v=sQXgvph-F3Q

[8] En cita de Margarita Jácome en Jacome, Margarita. “La Novela Sicaresca: Exploraciones ficcionales de la criminalidad juvenil del narcotráfico”.

[9] Gutiérrez, Natalia. 2009. Ciudad-espejo. Bogota: Universidad Nacional de Colombia. p. 66.

[10] Ibíd., página 57.

[11] Cadena, Braian. s/f. Vecinos invisibles. Texto inédito.

[12] Ibíd.

[13] Guattari, Felix y Rolnik, Suely. 2006. Micro política: Cartografías del deseo. Madrid: Mapas. 297.

[14] Baudrillard, Jean. 2000. Pantalla total. Barcelona: Editorial Anagrama. 113-118. http://www.con-versiones.com/nota0514.htm.

[15] Burroughs, William. 1980. El almuerzo desnudo. Barcelona: Editorial Bruguera. 6.

[16] Tokatlian, Juan Gabriel. 1980. “Política pública internacional contra las drogas de la administración Gaviria y las relaciones entre Colombia y Estados Unidos.” Drogas ilícitas en Colombia. Bogota: PNUD-DNE,. 461-533.

[17] Guattari, Ibíd.


Obras Citadas
Baudrillard, Jean. , 2000. Pantalla total. Barcelona: Editorial Anagrama.

Burroughs, William. 1980. El almuerzo desnudo. Barcelona: Editorial Bruguera.

Cadena, Braian. Vecinos invisibles. Unpublished text

“El Chino de Bogotá.” In AAVV Museo de cuadros de costumbres II. http://www.lablaa.org/blaavirtual/letra-c/cosii/cosii21.htm Accessed in May, 2005.

1981. Fotografía Contemporánea, número 12, volumen II, Octubre-noviembre.

Guattari, Felix and Rolnik, Suely. 2006. Micro política. Cartografías del deseo. Madrid: Mapas.

Gutiérrez, Natalia. 2009. Ciudad-espejo. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

Jácome, Margarita. 2006. “La Novela Sicaresca: Exploraciones ficcionales de la criminalidad juvenil del narcotráfico.” PhD diss., University of Iowa.

Muñoz V, Cecilia. y Pachón C, Ximena. 1990. “Los chico bogotanos a comienzos del (1900-1930.)” Edición 12, Diciembre.

Tokatlian, Juan Gabriel. 1997. “Política pública internacional contra las drogas de la administración Gaviria y las relaciones entre Colombia y Estados Unidos.” In Drogas ilícitas en Colombia. Edited by Francisco Thoumi et al. Bogotá: PNUD-DNE.

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